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 Mi nombre es María Gracia Reyes Trujillo, nací el  30 de Octubre del año 1998  en la ciudad de Quito, Ecuador. Viví 8 años en Esmeraldas y 10 en Manta.  Estudié en la Unidad Educativa Leonardo Da Vinci de Manta donde, aparte de formarme en valores y forjarme como ser humano, también descubrí que mi pasión es, ha sido y será escribir. 

 

Ahora radico de nuevo en mi ciudad de origen en donde cursaré  Antropologia  en la Universidad San Francisco de Quito. 

 

Participé en dos concursos de escritura a nivel Intercolegial, quedando en Primer y Segundo lugar. También me destaqué siempre en mis ensayos para la clase de Literatura y en mis discursos como Ministra y luego como Presidenta del Modelo de Unión Europea del País. Pienso continuar escribiendo porque estoy segura de que el corazón va donde la voz no llega y eso es lo que hago.

 

Escribo desde mi alma con tinta del corazón y quiero que mis letras  sean leídas,  y mi voz escuchada y reflexionada hasta en el último rincón del planeta y así llevar esperanza a la humanidad. 

LA HUMANA LUZ DEL UNIVERSO
 
Le llamó la atención el nombre de la calle Aldebarán, esa palabra le era familiar, sabía que en algún momento de su infancia aquella imponente palabra tuvo relevancia. No lo pensó dos veces y caminó unos quince pasos y se detuvo al ver que a su derecha había un callejón muy estrecho por donde parecía no caber. Allí, en la pared del lado izquierdo se encontraba una frase con letras grandes que decía: "Hazte grande y entrarás", frase que lo dejó pensando durante unos minutos antes de avanzar.

 

Era la primera vez que tomaba ese camino para llegar a la cafetería donde acostumbraba sentarse un par de horas por la mañana y tomar un cappuccino mientras leía su correo y su lista de tareas para el día; entró en el navegador de la computadora esperando encontrar la respuesta que deseaba conocer a aquella frase, pero ¿Cómo lo iba a lograr con su mente en blanco? Era como si todos sus pensamientos hubiesen entrado por un portal desconocido. 

Cuando el camarero se acercó para atenderla, "con lo de siempre", lo miró a los ojos esperando encontrar en él la respuesta que esperaba porque en algo no se equivocaba- los ojos son la puerta del alma- por lo tanto, del universo entero. Regresó de aquel trance atendiendo al camarero que amablemente colocaba en su mesa la esperada taza de café. Sus ojos se habían quedado grabados en su recuerdo para siempre; habían sido la llave que abrió el universo de respuestas que estaba buscando. Pero cada respuesta generaba otra pregunta y cada vez su inquietud sobre la vida se hacía más y más grande, entonces pensó que seguramente ese era el camino que la llevaría al laberinto de la vida de donde solo se logra salir si se logra conectar con la humanidad. Mientras más recapacitaba sobre su existencia y la de quienes le rodean, más se agitaban sus pensamientos.

 

Luego de pagar con propina el servicio prestado, la propina, se retiró de la mesa y se dirigió hacia la salida del lugar, abrió la puerta y una ráfaga de viento agitó su cabellera, pero era como si también se hubiese encontrado con su alma. Decidió hacerle algunas preguntas al viento que se le ocurrió le traería algún recuerdo. Instantáneamente recordó que cuando caminaba por la playa con su padre escuchando su historia de cuando todavía la tecnología no era indispensable se navegaba trazando rutas según la posición de las estrellas.

 


Recordando lo que le había dicho su padre sobre el tema enfatizando que el hombre por esos tiempos tenía más capacidad para valerse por sí solo sin tanta tecnología, sintió que las calles que recorría se convertían en arena y brisa y que cada pensamiento suyo era otra forma de traer a su padre de vuelta. Sintió entonces que se encontraba a punto de despejar la incógnita de aquella frase trazada en la pared de la calle Aldebarán que tanto la había intrigado.


Y sí, ¡ALDEBARÁN! - exclamó. Estrella de la esperanza, la que se encuentra a la derecha de Venus y que conduce al Este, la llaman así porque si navegan en proa a ella, les lleva al alba. Lo que no sabía es que Aldebarán es uno de los cuerpos de luz más grandes del universo y que ese era motivo de su nombre.

 

 

Se llamaba Aldebarán y lo había olvidado, por eso, al leer el nombre de la calle había sentido como algo espeluznante, había tenido mil presentimientos y una dulce incertidumbre al no saber de dónde venía y que hacía parada sobre cemento cuando deseaba estar parada en las nubes.

Volvió al callejón y pasando a través de las dos paredes comprendió que todo era cuestión de reencontrarse con su identidad humana y con el pedazo de universo que lleva dentro. Y fue así como un ser con nombre de estrella se ató a la tierra y aceptó cada parte de sí desde las uñas hasta los pensamientos que era miembro de una constelación y que debía reflejar aquello como su sombra se refleja en el suelo y como alma lo hace en el mar.

 

MI SALVACION

 

 Y en ese preciso instante cuando todo parecía perdido, sin sentido ni dirección, decidí lanzarme al abismo de mis sueños con la esperanza de que me salvaran. Pero, ¿Cómo? Si yo no sabía a ciencia cierta con qué o con quién me encontraría.

 

 Podría ser un valle de gardenias blancas que me envolvieran con su aroma y me abrigaran  en el más profundo sueño de paz que purificara mi alma y me diera libertad. Tampoco descartaba la posibilidad de encontrar un duro suelo, sin la más mínima gota de compasión humana, cansada de apariencias y condiciones sociales cada vez más obsoletas; pensaba que con tan solo tocar las rocas de ese miserable suelo, los restos que quedaran de mi corazón dolido por los sinsabores y las injusticias de estos tiempo de caminos truncos, se esfumarían como las palabras que se roba el viento.

 

 Fue entonces cuando sentí una frescura que se adueñaba de mi cuerpo invadiendo las entrañas de mi ser. Era el inconfundible sabor a sal de mi inmenso amigo, el Mar, que todo lo cura. Le tuve tanta confianza que me dejé llevar como un barco de papel a la deriva; pasaron los minutos y las horas y me encontré sumergida en las olas saladas de mis propias lágrimas, de amargura y desazón, alentada por la esperanza de ser salvada.

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Una voz a lo lejos me decía: “Si quieres vivir de veras, no te acostumbres a la vida”. En ese instante comprendí que la vida se hace de a momentos y que mi deber era convertir cada instante de mi existencia en algo superior. Supe entonces que si me acostumbraba a la vida, la convertiría en un objeto ordinario sin valor y sin rumbo.

 

 Ya no me encontraba envuelta en sueños, ni lastimada por la incomprensión, mucho menos ahogada en mis propios males. Me hallaba libre en la realidad del mundo que tanto necesita de nuestra cordura con un poco de locura que equilibre la desatadura.

 

 Y desperté, con una lágrima que hacía cosquillas en mi mejilla, poseída de la ilusión de que me estaba salvando de la oscuridad y con la simpleza de la paz eterna que solo un amigo como el mar puede regalar.

 

 María Gracia Reyes Trujillo 


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¡Paz!  Así nada más

 

Una noche de tormenta en invierno, preparé dos tazas de café y subí a aquel cuarto que más bien era un vaso donde el universo entero decidía entrar tal cual un líquido agridulce. Allí me encontraba siempre con mi padre; ya me tenía preparadas las frases con las que seríamos capaces de volar tan alto como para despejar incógnitas, saborear el mundo y desnudar a la humanidad; por supuesto, siempre haciendo un pacto con la poesía, esa fiel compañera que pone en palabras lo inefable. Esa noche, el mundo dejó de conocer lo que un día era luz; la esperanza había quedado para el baúl de los imposibles, y La Paz, no había sido siquiera escuchada a la vuelta de la esquina.  

 

Empezamos por pronunciar versos que iban dando pinceladas de colores, colores de luz, de esperanza y de paz a este mundo tan efímero. La tormenta, a su paso, lo iba dejando en tinieblas. Luego le pedimos a la luna que nos alumbrara tan solo un poquito más, lo suficiente para que nuestro amado abuelo Mar,  renovara sus mareas y trajera a la tierra corrientes de todo aquello que la humanidad estaba desconociendo por causa de la resaca que la guerra había dejado en la arena de sus sentimientos. 

 

Al amanecer, cuando la tormenta formaba parte del pasado, papá volvió la mirada hacia mí con una de esas sonrisas que hacen falta mejillas para que quepan y así no se tenga que mover las orejas de su lugar. Pues sí, me miró y me contagió de su riqueza que pesaba más que el oro en estado virgen. Luego de este intercambio soñado, me dijo: “La paz, el sueño de los sabios; la guerra, la historia de los hombres”. A lo que contesté,  (siendo más humana que un guerrero en batalla): Mientras el resto del mundo se dé cuenta de esta verdad, nosotros sonreiremos, porque no me cabe la menor duda que es el único camino a ese estado que tanto anhelamos, tanto que se vuelve utópico, pero está en nosotros, en “el sí mismo” y que llamamos PAZ, así nada más.

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HAMBRE

 

Querido ser de carne fugaz y alma eterna,
a este lugar le hace falta tu espíritu,
para convertirse en una linterna,
frente a la eternidad de una luz, 
que contempla tu humanidad.
 
 
Querido varón audaz,
con hambre de universo y de gloria,
muéstrate valiente de una vez y por todas,
el mundo necesita tu antorcha de furia,
para desenmascarar una revolución mordaz.
 
 
Querida hembra de tez tersa,
y de espíritu implacablemente valiente,
deja ya que fluya tu femenina pureza
por este tormentoso océano afluente,
que a su paso abre un apetito de certeza.
 
 
Amados todos:  A este lugar,
solo le hace falta nuestro espíritu 
cósmico y fugaz, para avasallar
eternamente con las garras y el ímpetu
desentonado, de un mundo digno de templar.
 
María Gracia Reyes - Ecuador


El árbol de raíces infinitas

 

Bajo el árbol, la ira.
En las ramas, los sueños.
Hay un campo que dispara
En la penumbra de deseos.

 

 

 

Con raíces de guerra, 
Camino en destellos,
Mil respetos primavera, 
Son grandes tus anhelos.

 

 

 

Bajo el árbol, la ira.
En las ramas, los sueños.
Hay un mundo se ampara
En raíces que bajan de sus cielos.




EL ARTE

A Javier

 

 

No te alejes, no te apartes
esto no es aguantarte.
Entiende amor que daño no haces,
solo es mi forma de amarte 
sin medida,
sin apuro,
con el alma llena de arte.

No te alejes, no te apartes
esto no es presionarte,
que mi llanto no te frene,
que mi llanto no te espante,
es mi forma de decir
que jamás podré olvidarte.

No te alejes amor, no te apartes,
qué sería mi vida sin poder mirarte.
No te alejes, no te apartes de esta vida
que no hace más que moldearte

No te alejes, amor no te apartes,
esto no es gritarte,
es un árbol en mi bosque
que me enseña a susurrarte 
las cosas bonitas,
las cosas reales, las cosas
para envolverte, para contarte 
que este amor es tan solo un arte.

 

 

María Gracia R. 
13/04/18