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AUDIO DE PEDRO ANTONIO VARGAS ACTOR Y DECLAMADOR COLOMBIANO

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Mui noble i mui leal" Villa de Thzaquillo Portal


La Eterna Fundación de Bogotá
 La Villa Legendaria
 

La "Mui noble i mui leal" Villa de Thzaquillo, Ciudad de los Reyes de Bacatá, léase Bogotá, dicen los historiadores - y lo aprendimos de pipiolos, en Henao y Arrubla, cuando estudiar historia patria era tan mandatorio como era aprenderse de memoria el catecismo del Padre Astete-fue fundada dos veces: la primera, el 6 de Agosto de 1538, y la segunda, el 29 de abril de 1539.

Bogotá, cumple  481 años de existencia- 8 meses y 23 días más o menos de diferencia entre una y otra de las fechas descritas- aunque no fue sino hasta el 5 de julio de 1540 cuando naciera a la vida jurídica al recibir de su Majestad, El Emperador, y por Real Cédula dada en la Villa de Madrid, el nombre de Ciudad de Santafe- Hoy, renovado el cachaquismo que me aqueja, añorando el asueto de fin de año, estoy de nuevo aquí, de regreso a Bogotá, pese al designio de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, de llamarla Santafe.

La Villa, aquel asentamiento primitivo de doce chozas de paja y una pequeña iglesia, fue bautizada con el nombre Santafe, por su fundador, Don Gonzalo Jiménez de Quesada, en homenaje al campamento desde donde los ejércitos de los Reyes Católicos lanzaran el último ataque durante el sitio de Granada y expulsaran de la Peninsula Ibérica a los monarcas moros. Creo que si Don Gonzalo, pudiese ver su obra, no haría otra cosa que alzarse, algo irritado, de la cripta donde reposa en la Catedral Primada de Bogotá- levantada según se dice, en el mismo lugar donde fuese erigida la primer capilla de la Villa- y reclamar de nuevo sus derechos como Adelantado y defensor que fuese y a porfía de aquella cuna, origen de tantas calamidades, conflictos y prodigios.

 Resulta que Bogotá fue fundada en medio del despojo de sus riquezas y las ambiciones militaristas de sus fundadores. Regresemos a esa hora. Quesada maneja militarmente el humilde caserio apostólico recién establecido al pie de la Sabana de los Dioses; la Villa, con un destino capitalino ya trazado en los concilios de los conquistadores andinos, se ha convertido en cabecera de playa del colonianismo español. Tiene que defenderse de otro conquistador, el alemán Nicolás de Federman que avanza con sus hombres hacia la Villa desde un lugar llamado Pasca; tras de Federman se esconden los inversionistas tudescos de la Casa de Wesler, un emporio financiero europeo, también en plan de conquista, no menos avasalladora, la económica: El Dorado imaginado por todos los aventureros del mundo conocido, desde Marco Polo, y definitivamente comprobado en especie por Don Cristóbal Colón, está allí, envuelto en la neblina de los cerros de la sabana y cuelga de las gargantas de las princesas indias, adorna el pecho de los nobles caciques, y cubre de dorado brillo los altares de los dioses chibchas.

 Por otros lados se acercan provenientes del Perú, las fuerzas de Don Francisco Pizarro, encabezadas por el capitán don Sebastián de Benalcázar, poderoso señor fundador de Quito, Popayán y Cali. Conquistadores estos, Adelantados de otros dominios, cuya única ambición es la de ser, uno de ellos, el primero en encontrar su propio Dorado.

 En entonces cuando Quesada, rodeado de caciques y con gran despliegue militar y numerosos guerreros, marcha al encuentro de Federman en un lugar llamado Bosa, al sur de la Villa. Allí, se enfrentan los caudillos; allí hablan y acuerdan y beben chicha juntos, y disfrutan de los encantos de las nativas; fue así, entre totumazos y en currutaco o desguarambilado porte, y un regalito de ¡ diez mil pesos oro!, que el muy apuesto y aguerrido alemán reconoce al Adelantado sus derechos, y se marcha a buscar mejor suerte y gran destino por los lados de una región asombrosa y próspera que un día sería llamada Antioquia.

 Igual alivio concede Belalcázar ante los regalos de esmeraldas y de sal que le entrega Quesada. En febrero de 1539 entran a Santafé esos tres grandes y magníficos ejemplares de la conquista española; todo sucede de acuerdo con los reclamos de Quesada; todo es fiesta, y cacerías de zorras y justas de caballería en las verdes praderas de la sabana; como trasfondo, prospera nueva vida bajo los pinos y los sauces a orillas del Bacatá; se llena la planicie de aires de conquistas amorosas, y surten la sabana, de buenas nuevas, los deslices de conquistadores varoniles y muy chirriados, en tiernos himeneos con las opulentas nativas, el verdadero seno maternal, tantas veces violado, de toda nuestra raza.

 Así fue fundada nuestra Bogotá. No solamente con chozas e iglesia, y plaza de armas, sino con todo lo que puede sembrarse en una tierra noble y rica como es nuestra "Villa". Como en 1538, sigue siendo sabanera, de rica tierra negra, húmeda, cautivante. Nuestro Bogotá- tibia entraña y rincón muy amado, pese al frío feroz de sus mañanas y la estéril semblanza de los páramos y serranías aledañas- viene preñada desde su cuna, de aventura y porvenires; ella viene de siempre, camina hacia siempre, ebria de futuro, enamorada de lo bueno, invadida por todo lo malo, pero preocupada eternamente sobre cómo renovarse, defenderse, y crecer, y fundarse una y otra vez. Joseph Berolo 

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Bogotá...¡Corazón de Guayaba!

 

Hablando de Bogotá, viene al dedo aquella poesía del vate inmortal, Don Ricardo Carrasquilla, titulada "Mis Viajes" que dice así: -"Dime hasta dónde has viajado, porque tu aire es de extranjero- Por el Norte a Chapinero, por el oeste a Fontibón, y por los otros dos puntos, al oriente y medio día; estuve en la Peña un día y en Tunjuelo una ocasión."

Tal era el alarde que se daban los bogotanos allá por los años cuarentas, cuando viajar, no tanto a las Europas, caso aparte, sino a "tierra caliente", a veranear en lugares exóticos  como Cachipay, Villeta, Las Mesitas, Tocaima o Girardot, y, !Oh Proeza! a la Costa, por la peligrosa vía de los Saltos de Honda y de Guarumo, convertía a los veraneantes del interior en extranjeros y sus andanzas en tema poético; dice así la pereirana Albalucía Angel en su libro "Oh Gloria Inmarcesible", refiriéndose a los turistas que arrimaban al Caño de las Palomas - "un lugar en la Arenosa al que jamás de los jamases vino un cachaco a poner punto".

Hoy, nosotros los cachacos y en general, todo colombiano, desde los de la Candelaria en Bogotá hasta  Punta Gallinas en la Guajira, no presumimos de nuestros constantes viajes por todos los palomares del mundo; es que hoy, viajamos tanto y tan frecuentemente, que de lo que si presume es de haberse quedado en casita el último fin de semana.

Pero si es grato, a veces, retroceder y recordar las circumstancias de nuestros viajes, y los sitios de partida y de llegada. Uno de ellos fue Techo, nuestro aeropuerto internacional en 1950. Techo era un lugar bucólico, un ameno rincón campestre, lejano del centro de la ciudad, cuya entrada adornaba una glorieta llamada de las Estatuas; aún rodean hoy el lugar y halagan la vista, las tales estatuas desnudas ordenadas en el ‘46 por el Ayuntamiento capitular a disgusto de la Curia, para que levantasen sobre sus duras pero bien trazadas curvas de cemento armado, las banderas de los paises asistentes a la Conferencia Panamericana del '48.

Dicho sea de paso, las tales estatuas amanecieron cubiertas una mañana del '49, con sendas prendas interiores, sin que se sepa aún quien o quienes fueron los autores de aquel hecho, que de insólito no tenía nada. ¿Cómo podía faltar un gesto tan propio, en ciudad tan casta y tan piadosa como Bogotá, la que según el dicho, rezaba así el AveMaría : "Dios te salve, María, prima y señora mía"?

En regreso nostálgico a Techo, hoy podemos afirmar, sin recato alguno, que el lugar fue la pequeña gran puerta de salida de los viajeros de la época, entre ellos, quien esto escribe. Techo fué y sigue siendo el punto de enlace de esa histórica década de nuestra vida viajera y la de nuestra amable aunque gris y somnolienta ciudad, con la década revolucionaria de los sesentas y con el presente, en otro siglo.

Hablando de viajes, érase una vez un hombre que habiendo partido de Techo en 1950, regresa veinticinco años más tarde. A su regreso, se encuentra, no en el susodicho terminal ni ante sus controvertidas vestales, aún desnudas pero ignoradas, sino en el nuevo Aeropuerto Internacional de El Dorado; allí se le oyó decir a quienes lo esperaban: " Bogotá: He vuelto a ti como si nunca me hubiese alejado de tu lado; hoy, una ausencia de casi tres décadas cobra para mi el significado proverbial de regreso del hijo pródigo; hoy lloro de alegría al contemplar mi linda sabana, mi añorado tablero de retazos multicolores sembrado de golosinas; hoy siento bien adentro tu calor y recupero todo lo que creí perdido, "cuando lejos, muy lejos de aquí...."

Mas tarde, ya en su casa paterna, rodeado de padres, hermanos y amigos, diría: "Con cuanta nostalgia vivi esos años de ausencia; siempre recordando la noble estampa de mi ciudad, su sabor sencillo de pan de yuca, almojabanas, masato de arroz y jugo de curuba-tan diferente al sabor de las hamburguesas y los perros calientes. Hoy, papá, mamá, hermanos, amigos míos aquí presentes, hoy vuelvo a saborear mi ciudad que se me antoja es un gran roscón con corazón de guayaba. Y todo fue libaciones y reir y llorar. de alegría.

De aquella hora del regreso de nuestro viajero ,a  hoy, 2018 480 años  de la fundación original de su "roscón", su ciudad, nuestra ciudad, sigue fundándose. Bogotá sigue teniendo corazón de guayaba y amasa su roscón todos los días,  y todos los días que amanece, nos sabe más mejor. Joseph Berolo

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Esta Tierra es Mía
 
Finalizaba la década de los cincuenta cuando una perrita llamada Laica colocada en órbita por la otrora llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se dio el lujo de circunnavegar este planeta maravilloso llamado Tierra y contemplar con sus ojos diminutos de astronauta canino el lejano surrealismo de la curvatura terrestre trazado por la vaga silueta de los continentes entre la colcha infinita de las nubes.

Si Laika hubiese podido hablar le habría sido difícil explicar su asombro ante las proporciones del panorama terrestre observado desde la órbita relativamente baja que le fue asignada. Meses después, el ruso Gagarin, alcanzaría por vez primera el espacio exterior y daría comienzo a la hoy ya prácticamente rutinaria jornada humana por los espacios.

Adquirida así una visión espacial del globo terráqueo, el hombre contemporáneo, puede hoy, desde la sala de su casa, o a bordo de poderosas naves espaciales, sentir el efecto prodigioso de las amplitudes tridimensionales del universo, su esencia, su contenido galáctico, forma y transformación. De allí que el enfoque científico del elemento Tierra sea inevitable como inevitable su sentir poético y religioso dentro de la perspectiva universal, cuando al verlo desde el espacio, aparece convertido en un minúsculo objeto perdido entre todas las galaxias, aun así, prodigioso en su potencial y único en sus posibilidades. de conservar la vida, exquisitamente pintado por el Creador en gloriosas pinceladas acuamarinas, como novia presta para su desposorio con el universo entero.

Dentro de lo científico, cabe hablar de sus componentes, del efecto industrial sobre la pureza de su ambiente, de cómo asolamos  su superficie, minando, socavando, removiendo, empujando, transformando y bregando por reemplazar a Dios creyéndonos capaces de hacer mejor las cosas. De la arcilla, de la piedra, del mármol, de la arena y de las playas, de los sedimentos volcánicos, de los arrecifes y el mágico ambiente submarino de los parques de coral, de las enormes montañas, de las inmensas llanuras, de las sabanas, de las pampas, los desiertos, de los bosques y sembradíos, de los valles, de los riachuelos y de los ríos, los lagos y los mares, de nuestro propio jardín interior, parque comunal hacia la gran ciudad, de todo hacemos uso como cosa propia inacabable.

Y la Tierra corresponde. Pero se queja y muy probablemente muera sin ser escuchada. Son tantos sus lamentos. Están allí, en el crujir de sus entrañas sacudidas, me atrevo a pensar, por el peso megatónico de las portentosas construcciones del hombre y su constante trasegar con los elementos. La tierra se queja. Lo ha venido haciendo desde el tumultuoso comienzo del universo. Pero en aquel entonces milenario, su queja era la de su formación. Hoy lo es, de su destrucción.

Su atmósfera acuchillada por la contaminación espacial puede dejar de protegernos hasta morir absorbidos por el espectro del holocausto solar. La erosión de las playas nos roba centímetro a centímetro el espacio veraniego y la seguridad de construir un balcón al horizonte en algún lugar platónico hecho de nosotros, de mar, de aire y de permanencia. Los huracanes nacen de repente en los desiertos abismales de las costas africanas; como dragones infernales marchan desbocados hacia las costas de América arrasándolo todo. El más manso de los elementos, el agua pura, corre putrefacta y desbocada más allá de las cloacas, inundando los valles, el campo, las veredas, los pueblos y las ciudades, revienta en los deshielos la camisa de fuerza de las represas y los canales que la aprisionan y esclavizan la voluntad del hombre. Los grandes bosques milenarios se consumen en el pavor de las llamas precipitadas por el hombre mismo, y se incendian las noches con el fatídico resplandor de su furia incontrolable.

Aun así, es una Tierra milagrosa. Domada y sometida a nuestro antojo resucita segundo a segundo. Donde muere una flor, nace otra, y brotan las delicias de la uva y de la fresa, el durazno y la manzana al toque sencillo y amoroso de la brega campesina. Una semilla enraíza en el sitio más inesperado, un árbol crece sobre rocas, al pie de un abismo, y con sus raíces amarra la tierra que se derrumba y la sostiene con la fuerza de su savia germinal.

Así desde de la Creación. Así viajamos hacia un futuro estelar. Lo hacemos en la fantasía del mañana que se realiza con cada vuelo espacial; en los elegidos pobladores de la primera estación lunar o marciana. Sin embargo, para el común de los mortales, la Tierra, la que pisamos sabiendo que jamás nos desprenderemos de ella, es la única nave espacial que poseemos,  y un día, sepultados en sus entrañas.

Si mañana se me diera la oportunidad de vivir en otra esfera, la rechazaría porque se me hace imposible, amanecer sin tener que enfrentarme a la lucha por salvar esta heredad maravillosa, que por bella que aparezca ante los ojos de los astronautas, no les es tan cercana ni evidente como lo es para quienes la vivimos y amamos sin otra ambición que la de recuperarla para nuestros herederos y los suyos integrada al concierto universal de naciones. Joseph Berolo

 

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Retrato

 

En 1948, cuatrocientos diez años después de su fundación, escribe Don Julio Barriga Alarcón, en su libro: Reminiscencias Del Bogotá de Ayer y de Antier, "nuestra ciudad, era una cuyo encanto a todos cautivaba; por las calles, las gentes tranquillas ambulaban sin temor a empujones, ni a los buses, ni a los taxis, ni a ladrones". Éramos románticos, me permito agregar. Semejante encanto no podía durar mucho tiempo.

A la una de la tarde del 9 de abril de 1948, Bogotá lloraba a cántaros; yo también lloraba al contemplarla desde mi pupitre en el salón de 4to de Bachillerato del Instituto de la Salle, consumiéndose entre las llamas del Bogotazo, la trágica revuelta popular que habría de transformar para siempre su semblanza de ciudad patriarcal, renacentista, en la urbe que hoy conocemos. Bogotá, la antigua, como los nobles claustros lasallistas, se convertiría aquella tarde y durante tres días, en una enorme pila de escombros calcinados envueltos en la pertinaz neblina sabanera y el negro manto del duelo nacional.

Seis años antes, conmocionada por el atrevido y fallido cuartelazo llamado de Pasto, por haber sido perpetrado en dicha ciudad, Bogotá recibía bajo estado de sitio al entonces Sr. Presidente de Colombia, Dr. Alfonso López Pumarejo, recién ‘desamarrado" de la silla a la que permaneció atado durante 24 horas por un coronel ingenuo, quien sin tropa ni seguidores pretendía lo imposible: un inocente golpe de estado. Sin embargo, los hechos subsiguientes confirmarían que el fracasado golpe de Pasto, fue el primer tremor del terremoto social que sacudiría a la nación seis años más tarde y tendría como epicentro su propia capital.

Paradójicamente, Bogotá renacería del pavoroso sismo para seguir "pujando y sudando", en un impresionante afán convulsionado y transformista de búsqueda de El Dorado. la ciudad es una urbe en proceso de renovación sin par en el continente. Bogotá crece, al fin, aunque desordenadamente, y es universal en el buen comer, vestir, proceder y superarse.

De todo ese proceso, el más distinguido es el de su prodigioso renacer como la Atenas latinoamericana que fuese a comienzos del siglo pasado. Bogotá, atrae todas las artes; y para ello abre- no solo sus grandes salas de concierto, galerías y museos, teatros y medias tortas-sino sus propias calles, plazas y plazoletas, para celebrar periódicamente grandes ferias nacionales e internacionales de música, libros, poesía, pintura, comedia y hasta de mimos, payasos y charlatanes. Bogotá renace en función de las Artes, escribiendo, cantando y bailando: Bogotá es onírica. Duerme largo y parejo y le gusta madrugar y marcha pese a sus perennes amaneceres paramosos. Bogotá no deja de ir y de venir en cumplimiento de su papel de deus ex máchina, el personaje mitológico del teatro griego capaz de resolver todo drama y desenredar cualquier ovillo.

Hablando de personajes, los alcaldes, mayores y menores de Bogotá, son los mejores actores malabaristas, y los más folclóricos, del teatro político provincial; todos quieren rehacerla y pintarla en su turno, de rojo o azul; en sus manos, un andén angosto, colonial, conveniente otrora para apretar la novia y cuchichear pegadito, se transforma en amplio bulevar nada propio para el amañe; por su causa, buena en este caso, abundan las ciclovías pero también crece a la par el "stress" de los conductores encadenados a los semáforos. Por orden del Ayuntamiento, conocimos los bogotanos el horror de la mutilación de nuestros mejores rincones residenciales: las infames orejas y mordeduras impuestas a nuestra gran manzana bogotana. Sin embargo y en honor a la verdad, de semejante enredo, y como consuelo, ya comienzan a extenderse hacia todas las esquinas de la sabana y del país, libres de trancones, las autopistas, y a funcionar, los elevados puentes antigordianos que pretenden acercarse por las noches a las estrellas que, en Bogotá, cuelgan muy bajito del cielo; durante el día, a los bogotanos los atropella, por soñadores, la catarata vehicular del apurado instante de llegada de su majestad Don Pico-y-Placa.

Al fin y al cabo, la ciudad es un pañuelo que se dobla y desdobla a gusto y disgusto por cada uno de sus habitantes; a Bogotá la deconstruyen y desfundan los desganados de progreso, y lo hacen de mil maneras, las más notorias: decapitar los teléfonos públicos y vaciar por las acequias el civismo capitalino junto con las canastas de la basura que el distrito trata de sembrar en cada esquina para que se ‘CONSERVE SU CIUDAD LIMPIA".

La moderna ciudad ama su presente y busca con igual amor su pasado; y cuando lo encuentra, lo reconstruye y mantiene con gran respeto y fidelidad. Hoy los vecindarios de la Candelaria, el Camarín del Carmen y San Agustín, devueltos piadosamente a su estado colonial, son tesoros de la humanidad; la ciudad desentierra las vías de hierro de los tranvías en la vuelta de San Francisco, y pretende reconstruir un tranvía recién hallado en una casona en Soacha, y quiere que vuelva a rodar por sus calles. En plena Plaza de Bolívar, espera desde 1900, un carruaje con cochero de levita y rocinante de rojo penacho y cola trenzada; luce viejo, muy viejo, el cochero, aunque remozado está el coche, que, si le pedimos, bromeando, que nos lleve al Hotel Granada o al Regina, las cinco estrellas de comienzos del Siglo XX, nos lleva. Allí, el río San Francisco corre nuevamente al descubierto, con renovada frescura, por entre su antiguo cauce de piedra y de musgo. Igualmente, la ciudad rememora en todos sus metederos, los antiguamente llamados "mentideros arrancaplumas" de la Calle Real de Santafé. Como hoy, en un Café Valdez, los cotorreadores de la época, iban allí a rajar de sus contemporáneos, y, "a ver qué pescaban".

Bogotá vive y nace y renace de su pasado cachifo, a veces reducido a un comino; es ciudad cocacola, cuca, infiltrada por galanes de todos los pelajes y chafarotes perseguidos por chapoles que es lo mismo que decir, por aguacates. Bogotá, la filimisquera y fosfa quinceañera de mi juventud, sigue plagada de maquetas y de modorra institucional, cortejada por toda clase de jumentos políticos; pero sigue siendo regia, que en bogotano quiere decir: magnífica, grande, bonita.

Hablando de lo regio, descubrí, rondando hace un tiempo por la Avenida Jiménez, "colinchado" en el recuerdo a un Tranvía Municipal de Bogotá, T.M.D.B, léase, "Treinta Minutos de Bamboleo", lo último en guaracha en cuanto a transporte se refiere: El Transmilenio. ¡Cuán dichoso fuera, aunque en apuros fuese, si renaciera a sus andanzas aquel chino simpático del pre 9 de abril del ‘48, parodia de general republicano camino a Sibaté, cargado de medallas de latón y alfandoque, y armado con espada de cartulina engomada, que se la pasaba persiguiendo, cómo un Bobo, los Tranvías, y solo se trepaba a uno cuando paraba para emprender carrera nueva cuando se moviera.

¡Qué tiempos Señor Don Simón! De ellos hace un siglo, y la historia no acaba. Hoy, aquí en Miami- algo más viejo, algo más cansado, veterano de muchas guerras-en vísperas del regreso definitivo a mi "propia casa" en suelo bogotano, recuerdo un poema mío que termina así: "...y me quedé dormido bajo un balcón cercano al viejo claustro lasallista, como cuando era niño y caminaba calle once abajo hacia la suerte juguetona del parque Centenario, saboreando colombinas en la esquina del Florero ¡.No me despertéis!...duermo el sueño de jamás haber partido y es mi reino el mundo  colombiano" Joseph Berolo


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Bogotá Trasnochadora - a ritmo  Siglo XXI

 

Bogotá estuvo de fiesta anoche, 12 de junio del 2004. Trasnochadora la llamaron; cada barrio convertido en un rincón de jolgorio provinciano- al estilo Circasia en el Quindío, recuerdo- porque fue ayer no más que su encanto me robó el corazón - los bogotanos, se soltaron bebiendo sencillos con cara de doble, escucharon misa antes de la parranda, y se sintieron portadores de mensajes trasnochados y repentistas.
Bogotá trasnochadora! ¡Colombia Trasnochadora! De ello tuve la oportunidad de hablar con Lucho, a su paso por Belmira, mi pueblo en la ciudad. ¿Quién no habla con Lucho? ¿Quién no le dice lo que le dije, y quién como Lucho, para contestar "¡Claro que Si ...y Para Ya! " Del dicho al hecho. Se promulgó por edicto, entre muchas otras ordenanzas, que los andenes de la 140, algo crudos en ciertos sectores, tenían que completarse para las 6 de la mañana del día de la noche de la trasnochada. Si esto sucedió o no, ¿quién es para inquietarse por nimiedades? La noche del 12 fue hecha para vivirla despreocupadamente, con lúdico alboroto, inclusive para correr con gran soltura y desparpajo tras el precioso manojo de las bellas, como Bogotá- ¿Cómo no ir tras la silueta fina de nuestras beldades, su desnudo talle, su mirada coqueta, y esa pose suya, estudiada, d3 caminar ondulante emanador de temperaturas tropicales para un nocturno de gélidos temblores- aura de futuras reinas de Bogotá, de Colombia, del Universo? Es tanto el atractivo que despiden nuestras mujeres, que, en ocasiones, da lo mismo, si por seguirlas y coquetearles, se cumple o no con otros deberes o nos demoramos un tantico en hacerlo.

 

Es por ello que a Bogotá se la ve hoy por hoy, actuar con mayor cordura, poco desatino, gran lujuria creativa y moderado proceder. Puede decirse que la patria toda avanza envuelta en una muy artesonada fiesta de talento, estilo y de muy variada escuela. Sentir a Bogotá, la de anoche, la trasnochadora, fue sentir la patria vibrar en nuevo y ardiente despertar al medio día del 2004. Bogotá lo hace con fiestas propias para no quedarse atrás de las nacionales de San Pedro, las equinas de Montería y Sincelejo, las candentes de La Chapolera en el Quindío, las de humor y sabor en Calarcá y Montenegro, las del Jipao y las incontables fiestas lugareñas, todas de verde corazón exprimido en torrentes de copas sin fondo para el encuentro del paladar con la parranda. Igual amanecen la Tienda de la Capota de Armenia, en donde comenzó este 11 de junio el sonoro repartir de nuestra música a todos los puntos cardinales, y el bambuco montañero a los corredores playeros del Caribe y del Pacífico, y de todas partes de la patria, la cumbia y el vallenato, al pálido y aparentemente indiferente escenario de nuestra Bogotá, aterida por los fríos de su tradicional invierno.

Pese a ello, Bogotá es una ciudad caliente en su desempeño como símbolo del progreso de la nación entera. Basta con citar el TM, (sobra decir Transmilenio) que ya extiende sus ramales al resto de la urbe, con afán, casi que mortal, que lo ha caracterizado y marcado desde sus comienzos. Los alimentadores ya llevan a los citadinos hasta los terminales de buses interdepartamentales, y se clonan en metro-cables colgados de los cerros de Medellín. Pereira, copiando lo bueno, inicia su TM por estos días; Cali hace otro tanto con su MIO.

 

Así vi anoche a Bogotá, despierta a deshora, trasnochadora, impregnada de un cierto encanto bucólico como los pueblos andinos, los de collares de palmas y cafetos y guaduas, quimbayas, boyacenses, tolimenses‚ costeños, sinuanos, guajiros, siempre de juerga, insómnicos, siesteros, los que se "calientan" al rojo vivo en los "puentes" con el ir y venir de los bogotanos buscando "quemarse". Sin afán por llegar a alguna parte, como la gente del campo, los bogotanos que no salen de puente, hacen de las ciclovias su autopista, y realizan caminatas. y se abrazan con todo el que pasa como si fueran viejos amigos, vecinos de cuadra, y sus hijos fuesen a la misma escuela y todos rezaran en la misma parroquia o asistieran a misa en un centro comercial, o en un parque cualquiera, en alguna esquina, amenizada por mariachis trinando a cuerda entera, no Salves ni Aleluyas, sino ritmos profanos nada parecidos a los ritos solemnes con música gregoriana de otros tiempos.

 

Por qué no deducir entonces, que si anoche Bogotá trasnochó-patrocinada por Fenalco, en beneficio de los comerciantes de la metrópoli, y lo hizo en grande, con fuegos artificiales y orquestas caleñas, no fue para seguir trasnochando hasta llegar a un amanecer de andenes y puentes recién inaugurados, no de piedra y cemento y bolardos, sino de concordia, tendidos a lado y lado de la más deseada de todas las avenidas de la Patria: la Avenida de la Paz. Y ¡Para Ya! Una trasnochada permanente en espera de la tan anhelada Paz - que para dormir tendremos la eternidad. Joseph Berolo

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Bogotá es Colombia

 

Hablando de Dorados y de fundaciones, opino que nuestra ciudad de Bogotá ha sido fundada, no dos, sino muchas veces más, y que otras tantas fundaciones la esperan; es que Bogotá no deja de crecer y rehacerse y coquetear voluptuosamente con su destino de ciudad capital, forjado diariamente en un impresionante e interminable cambio de renovación política, social, cultural y urbana. Es precisamente en ese "revolcón” en el que estamos involucrados todos los colombianos; lo estamos porque Bogotá es Colombia. En ella hacen presencia todas las gentes de todas las ciudades, pueblos y veredas de la patria, y su clamor, a cuál más de angustiado y esperanzado, la conmina a un renacer constante y a crecer preñada de lamentaciones y acosada sin tregua por las expectativas propias y ajenas. 

En Bogotá-toda escaramuza que se libre en los cerros vecinos de la Calera o Cáqueza; toda emboscada urbana y desafuero que ocurra en la propia Avenida Caracas, en el cercano Sumapaz, o en las apartadas regiones de las amazonas colombiano; todo secuestro; toda fiesta o duelo, y, sobre todo, toda guerra, esa guerra nuestra que nos alcanza a todos estemos donde estemos-todo tiene eco. La pequeña villa de Santafé del Adelantado Quesada, es hoy por hoy, una villa globalizada en donde repercute y se confunde en un solo escenario de aparente armonía, todo lo bueno, todo lo IN del mundo moderno y todas las calamidades del mismo. En Bogotá nada está OUT.

Allí se reanima, gobernando, el espíritu de nuestros fundadores y libertadores; allí se hacen y deshacen todas las tradiciones populares y bajo su égida se amparan o se desenmascaran en un grandilocuente desmande de tutelas, toda clase de conspiraciones y de conspiradores. Podemos decir, sin exagerar, que Bogotá es una dama muy vieja y muy nueva, muy maja y muy coqueta y presuntuosa, que se arregla y desarregla a toda hora con asombrosa propiedad y constancia y encanto.

De ello da prueba Don José María Cordobés Moure en su obra Reminiscencias de Santafé de Bogotá, cuando narra los festejos del 20 de Julio de 1872: "No quedó pared sin enlucir, puerta ni ventana sin pintar, ni calle sin desyerbar y barrer; en una palabra, la población parecía una tasita de oro   porque se trataba de dar prueba tangible del grado de civilización que hemos alcanzado después de sesenta y dos años de mayoría de edad". A solo siete años del segundo centenario de su independencia, y 465 años de fundada, Bogotá aún puja por seguir siendo esa tasita de oro.

Grandes contingentes de desesperados golpean el borde de la dichosa tasita, buscando pan y abrigo; otros tantos, llegan a las embajadas extranjeras en busca de visa para poder huir de las pesadillas locales a las pesadillas extranjeras. Bogotá, es una ciudad de desplazados, emplazados, invasores e invadidos. Para todo y para todos hay campo en Bogotá, y derechos, y justicia. Sin embargo, al otorgar esos derechos y ejercer esa justicia, la ciudad peca muchas veces, de sordera.; igual se arrepiente, pero siempre vuelve a pecar.

En Bogotá, según el dicho" la Justicia cojea, pero llega"; es parte de su andar, como también lo es el buen proceder y legislar a su regio saber y acomodo. Al fin y al cabo, Bogotá es la cuna de la libertad y de las leyes colombianas; lo es también de las ciencias todas y crisol poderoso y muy moderno de avanzadas inquietudes cibernéticas; es, inclusive, un poderoso imán que atrae desgraciadamente las causas más tristes.  A su portal Dorado, llegan los mercenarios provenientes de lejanos y caducos centros de contienda, a venderle ideas ---non sanctas.¿

Es por ello, que Bogotá, al igual que el resto de la nación, vive rezando día al paso de los inacabables funerales de las víctimas de nuestra ya legendaria guerra.  Mientras suenan las campanas en todas las iglesias del país, desde la Catedral Primada en la Plaza de Bolívar hasta Nuestra Señora de las Lajas en nuestra más remota frontera sureña, la justicia marcha, cojeando la más de las veces, pero marcha, y entre muchos juicios notables, extradita a los parias que manchan su nombre- Así, Bogotá, muere y nace y muere y se funda una y otra vez con esa voluntad suya, tan férrea y obstinada de noble y heroica madre de la libertad.

Dicho lo dicho-confiando en abrir el tema, que es tan extenso, a los historiadores de nuestro ayer y los del presente, cuando el hoy sea historia, y se hable menos o casi de nada sobre nuestro doloroso cauce actual, reanudo el tema de la eterna fundación de Bogotá.Joseph Berolo


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 "Pido humildemente a Dios que nos ilumine, a la Virgen del Campo, Patrona de Bogotá, que nos acompañe y a todos los académicos su consagración en la presentación de estudios históricos que serán editados en nuesto Boletín  Cecilia Fernández de Pallini, Presidente Academia de Historia de Bogotá -   Museo del Chicó. Agosto 1o, 2018. 
 

Uno de los viejos anhelos de los habitantes de la capital, el de tener una institución que rescatara todo el patrimonio histórico de la ciudad, se hizo realidad el 5 de Febrero de 1988 cuando el entonces alcalde de Bogotá, Julio César Sánchez, expidió un decreto en el cual se ordenaba organizar la Academia de Historia de Bogotá. Entre las consideraciones para volver realidad esta iniciativa, se destacaba el deseo de rescatar y conservar para conocimiento de las actuales y las futuras generaciones, toda la herencia cultural y proteger el acervo histórico. Entre los miembros fundadores estuvieron, Alvaro López ardo, Elvira Cuervo de Jaramillo, Jaime Durán Pombo, Jaime Posada, entre otros .Con motivo de la celebración de los 30 años de su fundación, este 6 de Agosto 2018, Naciones Unidas de las Letras Semillas de Juventud Siglo XXI, se propone a través de este portal publicar y difundir la historia de nuestra ciudad desde el punto de vista cultural histórico, con la publicación de obras literarias, poesía, novela , narrativa breve, cuento, que den testimonio de nuestro patrimonio intelectual como legado para las actuales generaciones y sus descendientes.

 

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Los Fantasmas del Tequendama- o EL HIJO DE MATILDE, de Joseph Berolo recrea su argumento, a partir del asalto guerrillero perpetrado en la madrugada del 6 de Abril de 1929 a un pueblo indefenso llamado Palmarito, situado en el Valle de las Palmas, al oriente de la capital de Colombia, retratando el rostro íntimo del fantasma de la guerra fratricida que ha herido y sangrado de muerte a Colombia desde comienzos del siglo XX.

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9 de Abril 1948 Memorias de un Lasallista-Aún se escuchaba el eco del campanazo de la una de la tarde del 9 de abril de 1948 dado por el reloj de la torre de la Iglesia de Egipto cercana al Instituto de la Salle, cuando llegaron a oídos de sus ocupantes las primeras ventiscas huracanadas olorosas a cosa quemada que provenían del cercano centro de la ciudad.

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LA FUNDACIÓN DE BOGOTÁ, EN POS DE LA VERDADERA HISTORIA 

Luis María Murillo Sarmiento MD

 


Entre el relato cotidiano y la avidez por los detalles y hechos precisos, propios de quienes llevamos la pasión de Heródoto en las venas, hay un mar de curiosidad y desazón, que no se aquieta sin la colocación precisa de las piezas.  La fundación de la "mui  noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino" -, la Bogotá que palpita en nuestros corazones, puede ser la sencilla historia de un seis de agosto, de doce chozas y tres conquistadores, que a todo bogotano le enseñan en la escuela. Pero puede ser, también, una historia más profusa, con versiones y detalles vagos o imprecisos, en la que debo acudir a conjeturas tras analizar hechos que pareciendo los mismos no coinciden.

El acta de fundación nadie la encuentra, los archivos del cabildo ya no existen, hasta lo que quedaba en el Archivo Municipal se lo llevó el incendio que consumió las Galerías de Arrubla en 19002. Además se perdió cuanto escribió Jiménez de Quesada. Seguramente en su "Relación de la conquistas del Nuevo Reino de Granada" y en su "Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino" estaban los detalles que me hacen falta para hacerme a una historia irrebatible. En ausencia de documentos oficiales y de una fuente directa de los hechos toca conocerlos a través de los cronistas. No fueron de la fundación testigos presenciales, pero recogieron una tradición reciente en su momento. Se heredaron unos a otros las noticias y si lo que afirman no es auténtico ya la historia lo tiene como cierto.

 Han sido los más estimados, y fuente de mis indagaciones, Fray Antonio Medrano (-1572), Juan de Castellanos (1522-1607), Fray Pedro de Aguado (1538-1609), Juan Rodríguez Freyle (1566-1642), Fray Pedro Simón (1574-1628) y Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1688). En relación con nuestra historia vale la pena tomar en cuenta ciertas consideraciones que demuestran que aquellos solamente pudieron conocer los acontecimientos por terceros: Para la fundación de Santafé, Castellanos era un adolescente que aún no llegaba a las tierras descubiertas por Jiménez de Quesada, Pedro de Aguado era de brazos, Rodríguez Freyle, Pedro Simón y Fernández de Piedrahita aún no habían nacido. En cuanto a Antonio Medrano buena parte de su vida de es un misterio, fecha y lugar de nacimiento, por ejemplo, son desconocidos. Sin embargo, antecedió a los demás cronistas en el Nuevo Reino de Granada, participó en las conquistas y acompañó a Jiménez de Quesada. Probablemente conoció de boca del fundador la verdadera historia.

 El Archivo General de Indias3 no aporta más que lo que afirman los cronistas. El historiador Juan Friede, ucraniano del siglo XX, nacionalizado en Colombia, en "Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá" aborda los misterios de la fundación tras detallado análisis de los documentos relacionados encontrados en el archivo mencionado. La realidad, más que la verdad, suele ser una tradición que damos por sentada. Cuando es difícil soportarla en pruebas fehacientes, recurrimos a los testimonios, y en muchos casos, como en este de la fundación de Bogotá, el testimonio es el mismo, pero salta de autor en autor, de texto en texto y de siglo en siglo, irremediablemente.

 Vemos por ejemplo que José Manuel Groot (1800-1878) en su "Historia y cuadros de costumbres" retoma a Lucas Fernández de Piedrahita, y este se vale de Juan Castellanos, del "Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino" de Jiménez de Quesada, y de los escritos de Pedro de Aguado y Antonio Medrano para escribir la "Historia general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada4".Aguado retomó la historia escrita por Medrano cuya publicación truncó su muerte. La completó y perfeccionó, dice Pedro Simón. Nació así su "Recopilación Historial", obra cuya autoría, en cabeza de Aguado, debe razonable y justamente atribuirse a los dos religiosos y cronistas.

 Rodríguez Freyle cuenta la historia de la fundación en "El Carnero", obra que de por sí tuvo por título original el de "Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del mar Océano y fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza, se hizo arzobispado".Prosiguiendo en esta sucesión de trascripciones, los textos de Aguado fueron fuente para los de Fray Pedro Simón, quien particularmente reprodujo los de Juan de Castellanos, a quien le cabe el título de cronista más copiado. En una época en la que probablemente poco se hablaba de copias y de plagios, la obra de Castellanos, "Elegías de varones ilustres de Indias6", escrita en verso, es ingeniosa y única. Dan fe de ello sus más de cien mil endecasílabos.

 Fray Pedro de Aguado, tomado por el más antiguo de los cronistas del Nuevo Reino -sospecho que puede ser Medrano-, era como Medrano religioso franciscano, llegó a finales de 1561 al Nuevo Mundo -23 años después de fundada Bogotá- y en agosto de 1573 era provincial del convento de San Francisco en Santafé. De Juan de Castellanos se sabe que pasó por Santafé en 1551 y en 1560, y que murió en Tunja en 1607, parroquia a la que sirvió durante 45 años. Fray Pedro Simón llegó al Nuevo Reino en 1604. Los otros dos cronistas son neogranadinos, nacieron en Santafé de Bogotá 28 y 86 años, respectivamente, después de fundada: Juan Rodríguez Freyle en 1566 y el obispo Fernández de Piedrahita en 1624.Y volviendo a la fundación de Bogotá, ¿en dónde comienza la ciudad, entonces? ¿En el Chorro de Quevedo? ¿En la Plaza de las Yerbas? ¿En la Plaza Mayor, hoy de Bolívar? Ordenando los hechos y haciendo la correlación debida creo que la sucesión es como sigue: Llega el fundador al primer pueblo muisca el 12 de marzo de 1537. Es Bacatá, el mayor de los dominios de los muiscas. En sus feudos está Chía, pueblo en el que pasa esa Semana Santa. Marcha a Suba, en donde permanece quince días. Desde sus cerros, con su vista, domina la Sabana. El valle del cacique Bogotá, que es el que observa, lo inspira a darle el nombre de otro grabado en sus recuerdos. Valle de los Alcázares, lo nombra. Muchos sucesos acontecen. Hay expediciones, enfrentamientos, ambiciones, titubeos hasta la pacificación del territorio7. Tras ello, en búsqueda de un nuevo sitio para asentar la tropa, Pedro Fernández de Valenzuela, enviado por Jiménez, encuentra el lugar en Thybzaquillo (Teusaquillo), sitio de recreo y mirador del zipa. Allí se instalan. El sitio será luego la plaza del Chorro de Quevedo8 -o sus inmediaciones-, hoy oriente la de carrera segunda y norte de la calle trece. Es apenas el asentamiento militar, la instalación de un campamento. Un nombre le da al futuro pueblo: lo llama Nuestra Señora de la Esperanza; Santa María de la Esperanza, afirmarán algunos. Pero Bogotá aún no se ha fundado. Así que descartemos como lugar fundacional el Chorro de Quevedo. 

Gonzalo Jiménez de Quesada ha de marchar a España a dar cuenta de su descubrimiento, pero considera que antes debe dejar "asentada y poblada alguna ranchería á modo de pueblo, en donde quedasen avecindados los españoles que dejaba" -escribe Fray Pedro Simón en "Noticias Historiales"-, para que las tierras del cacique Bogotá las dejasen libres a los indios. Ordenó explorar el territorio y encontrar el mejor sitio para asentar las casas. Lo escogieron en esa aldea llamada Teusaquillo. Jiménez en presencia de indios, capitanes y soldados se apeó del caballo y dijo -según Simón-: "que tomaba posesión de aquel sitio y tierra en nombre del invictísimo Emperador Carlos Quinto para fundar allí una ciudad en su mismo nombre [...] desnudó la espada diciendo: que saliese si había alguien que lo contradijese á aquella fundación. [...] No habiendo quien saliese á la defensa, envainó la espada y mando al escribano del ejército hiciese instrumento público que diese testimonio de aquello con testigos". El sitio corresponde a lo luego se conocerá como Plaza de las Yerbas, y siglos después como Parque de Santander. En los días siguientes se erige una ermita y doce casas de paja en recuerdo de los doce apóstoles, dice Pedro Simón, aunque Juan de Castellanos afirma que las doce tribus de Israel las inspiraron. El Día de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 1538, se funda la ciudad, si bien alguna posibilidad dejan los historiadores de que haya sido en 1537, dado que las crónicas señalan que fue cinco meses después del arribo de Jiménez de Quesada a territorio muisca -¿por qué no pensar entonces que su llegada se produjo en marzo de 1538?-. Lo que no deja duda es que el fraile dominico, Domingo de las Casas, probablemente primo o hermano de fray Bartolomé, el "Protector de Indios", dijo la primera misa y que la ciudad recibió su nuevo nombre: Santafé.

 La ermita de paja, primera iglesia de la ciudad, fue reedificada y tomó el nombre de capilla del Humilladero. En 1877 la demolieron. La que hoy vemos en la Plaza del Chorro de Quevedo, apenas la recuerda, no es la misma, como algunos piensan, ni es contemporánea, ni ocupa el mismo sitio. Se llama San Miguel del Príncipe y escasamente en 1969 la erigieron.Seis meses después de aquel histórico día de la Transfiguración, en febrero de 1539, el arribo de dos conquistadores, uno del sur, español y victorioso, Sebastián de Belalcázar, fundador de Guayaquil, Quito, Cali y Popayán; y otro de oriente, alemán y maltrecho, Nicolás de Federmán, inquietan a Jiménez de Quesada. El encuentro es amistoso. Sin ánimo bélico zanja Jiménez toda diferencia con los recién llegados. Les ofrece castellanos de oro y otros privilegios, y acuerda con ellos que la Corona decida quién debe gobernar lo conquistado.

 Seducido por la reflexión de Belalcázar, de los tres, el que más pueblos ha erigido, don Gonzalo se hace a la idea de también él fundar ciudades, y toma por tarea la una segunda fundación de Santafé, pero con la formalidad jurídica. La del 6 de agosto había pasado por alto los requisitos exigidos por las autoridades españolas, como demarcación de cuadras y de calles, repartición de solares y designación de autoridades. Jiménez en esta oportunidad señala calles, plazas y solares, ubica la iglesia, y designa alcaldes, regidores y alguacil mayor10. Y lleva a cabo el 27 de abril de 153911 la fundación jurídica, en terrenos de lo que será la Plaza Mayor, hoy de Bolívar. Asisten a ella los tres conquistadores. Se mantiene el nombre: Santafé, en homenaje a la Santafé de Granada, de la que Jiménez fue vecino12. Y Nuevo Reino de Granada llama a la tierra conquistada. Santafé de Bogotá por largo fue abreviado en cinco letras, "Stafe", en muchos documentos coloniales -En julio de 1539 los tres conquistadores, en Cartagena, se embarcaron para España. Entre las dos plazas fundacionales, hoy el Parque de Santander y la Plaza de Bolívar, se desarrolló la ciudad en los años postreros de la Conquista y los siguientes de la Colonia.

 

El emperador Carlos V reconoció, mediante cédula real, el 27 de julio de 1540, a Santafé como ciudad, y ocho años después le otorgó el título de "muy noble, muy leal y ciudad más antigua del Nuevo Reino", y le confirió un escudo con un águila negra "coronada de oro que en cada mano tenga una granada colorada y por orla unos ramos con granadas de oro en campo azul, según va pintado e figurado" Al regocijarnos, en esta efeméride, con esta ciudad que a la vez que nos da dicha, nos angustia y nos desvela, retomemos los versos de Juan de Castellanos, para con ellos cantarle a la Sabana:

 

¡Tierra buena, tierra buena!
¡Tierra que pone fin a nuestra pena!
Tierra de oro, tierra bastecida,
Tierra para hacer perpetua casa,
Tierra con abundancia de comida,
Tierra de grandes pueblos, tierra rasa,
Tierra donde se ve tierra vestida,
Y a sus tiempos no sabe mal la brasa:
Tierra de bendición, clara y serena,
¡Tierra que pone fin a nuestra pena!

 

 

1. Título dado a la Santafé de Bogotá por rey Carlos I de España y emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico.
2. Edificio que albergaba un centro comercial y la sede municipal de Bogotá. Hoy su sitio lo ocupa el Palacio Liévano.
3. El Archivo General de Indias de Sevilla creado en 1785, centraliza los documentos relacionados con la administración de las colonias españolas.
4. En los capítulos segundo y cuarto del sexto libro se refiere a la fundación de Bogotá.
5. El cronista mezcla, a mi parecer, sucesos de las dos fundaciones y da por fundada la ciudad el 6 de agosto de 1539. Puede ser un error de trascripción. La que se tiene por fundada en esa fecha es la ciudad de Tunja, y Rodríguez Freyle la ubica un año después, el 6 de agosto de 1540.
6. La obra, que nació después de 1568, se refiere a la fundación de Bogotá en su cuarta parte: "Historia del Nuevo Reino de Granada".
7. En los capítulos sexto y séptimo del libro tercero de la primera parte de la "Recopilación historial" de Fray Pedro de Aguado el itinerario se narra con detalle.
8. Llamada así desde 1832 cuando el padre Quevedo adquirió el terreno e instaló la fuente.
9. Capítulo XXXVI de la "Segunda noticia historial" en la segunda parte de "Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales" de fray Pedro Simón.
10. Capítulo VII de la "Tercera noticia historial" en la segunda parte de "Noticias historiales de las conquistas de Tierra firme en las Indias Occidentales" de fray Pedro Simón.
11. El mes lo consigan varias crónicas, pero del día -27- solo da fe el capitán Honorato Vicente Bernal, testigo directo y acompañante de Nicolás de Federmán, según señala Juan Friede en el capítulo VII de "Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá"
12. En Santafé de Granada vivió, más no hay pruebas concluyentes de que allí haya nacido.

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 EL REGRESO DEL FRIO

 

Cuando por fin llegué del viaje
caminé por los caminos de la partida
hacia el mismo lugar que habitó
la fiebre del huir lejana
poblada deste frío negro 
de la noche trasegada por todos los olvidos.
 
No hallé la hora nueva 
mas la sorda dentellada
del tiempo consumido 
en la hoguera engañosa
de suelos extranjeros.
 
Solo hallé mi propia tierra
hueca de petardos,
la cosecha de muertos míos y de todos,
la pared erguida de todas las tristezas
sobre la tumba de los sueños que soñara
y el sabor perenne
de los que atrás dejara.
 
Las formas que tuvieron escultura,
marchitas yacen bajo Las Furias
- al asomo de la risa cantarina
de los nuevos manantiales de las eras
se pliega el rictus amargo de los viejos
que miran mudos mi planta aventurera
como si no existiera, ausente
en vida como ellos.
 
Ni la calle angosta existe
de alfareros toledanos,
ni el alto balcón de los amores
callados, vigilantes,
ni la plaza de abrigos taciturnos
ni la fuente que lloraba
la pena de olvido de la estatua,
ni el atrio aquel de Santa Inés
para el raigambre humano dominguero.

Nada queda y todo queda
y el dolor se ahonda detenido ante la puerta 
de lo que fuera aquella estancia nuestra
de abrigos y quimeras-
solo escucha la comparsa de nuevas mascaradas.
 
Ya no la fiesta propia 
ni fisgonear por entre cortinas rotas
el cumpleaños de la hermana
ni poder llegar de tarde 
y encontrar la puerta abierta,
la cena puesta y el abrigado lecho,
o lanzar guijarros cautos 
a la ventana fraterna,
trepar por la pared de atrás,
tener de amigo al perro guardián
o dormir sin pena bajo la entrada
para un alba de excusas borrachas; 
ya no existe nada de todo aquello fiel,
la casa fue vendida
al primer llegado de otra tierra,
el hogar aquel bendito de otra hora
lo habita suerte despiadada.
 
Doblé la esquina esquivando lo cierto,
me fui de largo sin saber a donde,
caminando lento mis memorias
hacia las amplias avenidas nuevas-
por las frías madrugadas escolares
pasaban las sombras enruanadas,
los coches negros del Taxi Real 
y los tranvías largos 
en mustia procesión de espejos
retratando la muerte de los años.
 
Solo el mapa del antojo,
sobre la fría desnudez de la Plaza Mayor
dormía el Prócer su soledad de piedra
a la sombra del viejo capitolio.
Todo estaba allí y nada estaba,
solo yo quedaba inmóvil
bajo la eterna majestad 
de la Basílica Primada.
 
Nadie a quien llamar 
de tanta gente nueva
que vociferante pasa
sin que a nadie
pueda del ayer hablar-
los antiguos dónde están?-
de semejante embrujo 
solo la mirada extraña,
indiferente cruza...
 
Si fue bien cierto
que de lejos nos hablamos tanto
nada pudo de la ausencia derrotar
la suerte de perderlo todo...
Y asi un día y otro día,
otra fecha y otro año,
cien aniversarios....el Adiós,
las nuevas, lo viejo, todo fue
-y el retrato aquel de antaño no cambió.
 
En su marco de oro los recuerdos,
la madre siempre joven, 
el padre siempre adusto,
los hermanos, pequeños se quedaron-
tuvieron hijos nos dijeron.
 
Se cruzaron con besos los senderos
y un manantial de te quieros
recargó las líneas 
que de tanto ruego
creímos poblados los abismos
de amores presentes duraderos.


Un día se nos fueron los amados, 
los olvidados, los ignorados, 
los nunca conocidos,
y no lo supimos... 
a destiempo 
doblaron las campanas 
en la torre de los cielos
y fueron tardes negras
enlutadas sin aquellos
qué se fueron,
que se fueron...
 
Madre, padre, abuelos,
todos los hermanos...los amigos,
los grandes caudillos,
aún se escucha su  voz  en los abismos-
sin poder en paz dormir,
su espera larga es... 
de nuestra ausencia pende la última mañana.
 
Se nos fue también la patria aquella
de mimos terrenales...
donde reinó la aurora 
cunde pavor de tempestades.
 
Cuando por fin llegué del viaje
caminé por los caminos de la partida
hacia el mismo lugar que habitó
la fiebre del huir lejana 
poblada deste frío ahora negro de la noche 
trasegada por todos los olvidos...
 
...Y me quedé dormido 
bajo un balcón cercano
al viejo claustro lasalliano
como cuando era niño
y caminaba calle once abajo
hacia la suerte juguetona 
del parque centenario
saboreando colombinas
en la esquina del Florero...

¡No me despertéis!
Duermoel sueño de jamás haber partido
y es mi reino el mundo colombiano.

Joseph Berolo

Bogotá, Agosto 7, 2004

 

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A Bogotá

 
Gladys Semillan Villanueva 
Argentina

 
Pedí que me acompañaran,
queria transitar de noche tu gran plaza
deseaba escuchar mis pasos en esas piedras
que seguro estaban muy vigiladas
por otros pasos de antaño,seguros, firmes, 
aquellos que la trajinaronen el 1538
reafirmaron en el 1539.

 
Quise ser una más entre ellos,
confundirme en la noche que iba cayendo,
atisbar las palomas que aún revoloteaban
en incierto vuelo buscando un cable,
un cobijo donde acurrucar el sueño.
 
 Iba vestida de nube y la humedad de la noche,
hacía juego con los pimpollos
de rosas que compré para aromar el sendero.
 
 Los murmullos del pasado rondaban
sin miramientos, trepando por las paredes,
haciendo un extraño concierto de voces
de los valientes, sus niños y sus mujeres.
 
 Y es el cielo que se expande que les muestra
el camino y es el orgullo y la fe,
que desde el campanario se esparcen,
y ya no hay límites, ni montañas, ni cerrallos
todo están en vuelo, se avanza
desde esta Bogotá que despierta alborozada.

Me confundo entre ellos que son almas
que con frescura de besos de sus bocas un
un himno ensayan.

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La Luz de Bogotá se Prende aquí...  
 

 

 
Jeremías se dirigió hacia una esquina de la pequeña sala de su apartamento en el condado de La Guardia, Queens, NY. Allí conservaba un antiguo globo del mundo, adquirido de Readers Digest, llamado spot globe por su cualidad de tener un punto de luz movible para señalar algún sitio del mundo. El tal llamado spot, marcaba siempre una ciudad en el corazón de Sur América.

Los ojos de Jeremías se posaron un breve instante en ese punto iluminado y sus labios,  pronunciaron en nostálgico susurro: ‘'Hasta mañana mi Bogotá'. Afuera, la quietud de la noche comenzaba tardía a esa hora en la que aún resonaba el eco de la celebración del Centenario de la Estatua de la Libertad.
 

Jeremías había permanecido lejos de las multitudes que celebraban el cumpleaños de la augusta Dama, renovada y soberana sobre su magnífico pedestal, besada por las aguas del Hudson en su última jornada hacia el infinito gris marino, más allá de los arrogantes rascacielos neoyorquinos.

 

En su corazón, Jeremías celebraba su propia Libertad en compañía de su inseparable amiga, Soledad- recordaba la hora aquella cuando partió de su patria a bordo de un mito aventurero. Ya los años no contaban, solo la voluptuosidad de la vida, en armonía con el paso del viento, mesurada existencia otoñal.

Detenido en un rincón de la inmensa  geografía de su mundo caminante, Jeremías disfrutaba de esa edad mental que a todos nos llega, de saborear sin afán las horas y reafirmar sin alarde la razón de nuestra existencia. Jeremías regresa así diariamente a la patria añorada en ese acto ritual suyo, de prender la luz de Bogotá.

En espera a que su ciudad se duerma, Hasta Mañana, le dice al arroparla.

 Joseph Berolo La Guardia, New York . 28 de octubre de 1986 


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Confidencia de Año Nuevo. Amigo(a) .  He pensado mucho en nuestra amistad virtual...en todo lo que nos une y acorta la distancia que nos separa...Te pienso en las esquinas de mi Bogotá, en las vueltas de los cerros, en las mañanas sabaneras puras y transparentes, en las estrellas que cuelga la Alcaldía en los cerros de oriente que se precipitan a la Séptima queriendo correr hacia los humedales del Bogotá y navegar hacia el Tequendama y perderse en el misterio de la geografía colombiana. Barcas son que quieren llegar a donde tú estás...Nuestro Bogotá, bien lo sabes porque la habitas con tus recuerdos - está requetemoza, joven, fresca, sabrosa, se deja querer, tiene un no sé qué de princesa heredera de sueños, va con todos los "fierros" de la mocedad y los afila con la experiencia de sus años; dicen que es mala, remala, malísima --- si se le busca el lado flaco...pero como yo solo quiero quererla, la manejo con cariño, le salgo al paso, le tiendo mi capa de halagos para que pase los charcos- es que le tengo mucha confianza, porque la conozco, y sé que se esconde bajo los ropajes de su modernidad para no dejarse ver los trapos viejos - ¡Ah! Como cuando no quería pasar de la carrera 30 ni llegar más allá del Aeropuerto de Techo. y era tozuda, dogmática y cristiana, y firme en sus convicciones, Hoy, cuando mi antigua Bogotá se fue para el otro lado de las montañas, y quiere anexar Usme con la Caro, me dan ganas de hacer una fiesta de duendes para que asusten a los de ahora y les digan que aún existe. y no se olviden de pegarle a la nueva una tocadita de la vieja...Seguiré otro día contándote lo rico que la estoy pasando, haciendo lo que hace tiempo no hacía... ¡Nada! ...ahora puedo hacerlo porque sé que si me voy. no me voy. y como no me voy. me quedo, aunque me vaya...Espero no causarte nostalgia alguna...y si lo hago que sea de la buena, la que se cura pensando en volver, aunque sea eso solamente, ¡Pensando!  Joseph Berolo  Enero 6.2019

 

Siento como mío este texto lleno de sentimientos por la ciudad que nos vio crecer. Que dicha tan enorme recorrer la ciudad antigua. Es volver a mi pasado, que siempre es presente, porque como digo en algún poema amo la certeza del pasado. Con todo lo bueno o lo malo el pasado es inalterable, y mi ser ya está hecho a esa realidad. No sufro por las angustias del pasado, y en cambio, sí vivo con toda su dicha los buenos momentos de antaño. 
Joseph, gracias por tu amistad, gracias por estos hermosos textos, y para ti y para Sonia un feliz año. Luis María Murillo Sarmiento

 Tu poema me trajo recuerdos de mi niñez cuando viví enel barrio La Candelaria.
Deduzco que tú también viviste por allí y tu paseo  de hoy te inspiró la evocación romántica de tiempos y lugares inolvidables.Germán Carrillo González

Un abrazo y también un feliz 2019 para ti. Bogota.D.C. es la capital del recuerdo envuelto en contrastes permanentes. Los personajes que conocí en la vida social acompañando a papá, son los duendes que navegan mi interior. Otros son los colegas con quien luche por la etica en el periodismo y otros, los académicos que hacen parte de mi madurez intelectual. Pero la sabia vida me regalo nuevos personajes y JOSEPH BEROLO adorna y encabeza esa lista. Edda Cavarico


Acá estoy, viendo como llueve y recuerdo la lluvia bogotana. Y me trae una melancolía dulce y dolorosa pues compruebo como estuve en esos días abrazando a una bebé que me miraba confiada. Con la que jugaba, luminosas ambas en el paseo del Virrey frente a su casa. Y no quería contar las horas en que debía regresar, separame de ella los más alegre como quien emprende otro juego...aprender a separarse. No amamos y fuimos y seguimos siendo cómplices de maravillosas hazañas como correr ella metida en su carro y yo empujando mientras sostenía una brazadade rosas que habíamos comprado para su madre. Giraba su cabecita, desde la cobertura plástica me miraba risueña, divertida pues además de apresurarme y como se venía la lluvia que ya había aprendido a divisarla, cantaba. Y sabes la gente nos miraba con una luz fabulosa en sus miradas...y me ofrecían ayuda. Tu Bogotá...déjame decirte un poco mía. Cuando la niña dormía me escapaba al Museo del Oro y me perdía en las salas y en esa recóndita apenas iluminada dónde en el centro creemos estar en la laguna de Guatavita, me detenía arrobada y con tus muiscas...en profundo silencio hasta ellos viajaba. Y fue quedarme sin aire en las calles de La Candelaria, pero poco me importaba, cuando me pareció que yo no podía mas...pues juan Valdes me abrio sus brazos perfumados de café y me deje tentar con una mezcla de frutos, montañas, senderos, cielos y aventura que cada grano portaba. Algo mio quedó...un poco de mi pasado ese en el que fui terriblemente feliz cuando unos ojitos negros brillantes como luceros, tez canela y mejillas rosadas como las rosas de tu tierra me esperaban en tu aeropuerto y yo me arrodillaba para abrazarla...
Si... melancolía...dulce profundo. Me has precipitado al recuerdo la memoria juega con los sentimientos. Pienso que será hermoso volver con ella de la mano y recorrer los lugares de cuando tenía dos años. Ella es SOL mi sobrina nieta. Sin embargo, no solo el recuerdo del pasado de mi historia tambien los rincones dónde se gestó la historia de tu Patria me vio llegar curiosa, apasionada y fueron las horas que este año que se ha marchado ha dejado más deseo de volver porque...estuve...no me fui ... esa parte de mi vida sigue latiendo en cada rincón de tus florestas dónde haya alguien que ofrezca un ramo de rosas. Gladys Semillán Villanueva

Qué texto más original y ameno, con toques de misterio, de añoranza y picardía el que ha salido de tu pluma, querido Joseph, para comenzar el año.Me queda la intriga de saber por qué dicen que es mala, remala tu querida Bogotá....Quién pudiera conocer y amar a su ciudad como tú lo haces. Sabes alabarla y halagarla como a una mujer amada y amiga a la que conoces desde siempre, con sus virtudes y defectos. Gracias por esta bella página. Y por la gran alegría que nos diste a Letras del Andén con la publicación de nuestro Concierto de Alborada, Feliz Año 2019 Teresita Valcheff

 TERESITA, Aquí estoy, descansando en la paz que le das con tus palabras de estímulo a esta pluma traviesa que brinca de alegría y se vuelve un 8 cuando siente correr el vino del elogio... y de mi Bogotá, digo, dicen, no lo digo yo, que mi es mala, rémala. Lo es. si le busca el lado flaco que toda ciudad tiene... los tugurios, las invasiones de los cerros, los mendigos, la corrupción, el tráfico, los politiqueros, por todo eso se pone fría, de clima y hasta de corazón, y se vuelve remilgada y hay que rogarle para que se caliente y sea siempre la ciudad de la eterna primavera .... le perdonamos sus ratitos, solo ratitos de invierno porque sirven para prender las chimeneas y escribir poesía y cantar bambucos al calor de un aguardientico... Ya llegarás algún a la mui bella, mui leal y mui noble ciudad de Santa fe de Bogotá que cumple 200 años este próximo agosto 7 del 2019, en plena primavera, con muchos vientos para elevar cometas en algún potrero sabanero con paseo de olla a orillas del Bogotá. Te envío en letras un poquito de su encanto, Joseph Berolo