TODO TÍTULO SUBRAYADO ES VÍNCULO A
LA PÁGINA CORRESPONDIENTE
Dicxon Valderruten Bonilla
|
Bienvenido a la Paz para nuestro tiempo
y el tiempo de nuestros hijos y los hijos de sus hijos a través del cultivo de las Bellas Artes en los
jardines de su mente y sus corazones.
|

Escritor y sociólogo
colombiano que reside en los Estados Unidos desde 1978. Obtuvo, su título universitario en Psicología y Sociología
de la Universidad de Queens College, (City University of New York, CUNY) en 1983, y su Maestría en Ciencias Sociales
del New School for Social Research en 1989.
dicxonv@aol.com
|
Que este diario transcurra en una época
tan lejana como la narrada, no le quita actualidad. Los sueños y pesadillas de Alicia, que sí se cumplían
en cuanto a sus presentimientos, y los presagios que le traían las mariposas marrones, sobre ella misma y los suyos
en lucha contra los educadores y religiosos que traicionaban sus principios de paz y armonía, y los convertían
en proclamas de odios partidistas, son hoy tan reales como lo fueron para ella, para muchos colombianos y muchos otros seres
en diversas partes del mundo. Alicia
creció en ese mundo despiadado y a la vez compasivo, en familia, bajo el dominio de sus padres, ambos sometidos a las
tradiciones religiosas y sociales, estrictos en demasía, víctimas ellos mismos de las más injustas formas
de castigo y de reproche que a su vez imponían a los suyos. En ese mundo nació y creció Alicia. A la
orilla de un palmar, yo vi a una joven bella, con sus labios de coral y sus ojitos dos estrellas; al pasar le pregunté
que quién estaba con ella, y me respondió llorando, sola vivo en el palmar... Sola, si, en compañía de su familia y también de un
mundo de inmensas alegrías, de primeras comuniones, de noviazgos y de bodas, de piquetes, de calderas de aluminio gigantes,
de picantes revueltos, de papas, yuca y arracacha, huevos tibios y maíz molido para hacer arepas, de celebraciones
del Día de la Madre, de cumpleaños y también de fallecimientos, de paseos campestres, de muchas paradas
en Tres Esquinas, de ‘Mirrín Mirrimiau' y ‘Rin Rin Renacuajo', y de muchas brasas haciendo hervir el agua
y las guayabas entre rajas de canela y clavos dulces, y para alejar los malos espíritus, lavatorios de rosas, romero,
orégano, salvia, jengibre, sándalo, manzanilla, yerbabuena, albahaca, toronjil y ruda.
|

|
|
El escritor Dicxon Valderruten Bonilla, nos entrega en este hermoso ejemplar, uno
a uno los días con sus noches que describió Alicia, su madre, en su diario personal. Sí, Alicia, la protagonista, que cada vez que la leo, me sorprenden más las coincidencias
en muchos de nuestros anhelos, nos impulsaban sentimientos muy similares: El amor maternal, el cuidado por el otro, el hecho
de que ambas teníamos una madre que parecía fuera de sí, el gusto por los dulces, el río, el verdor,
¡y el amor a todo! De hecho al leerla como parte del trabajo de edición, casi que aprendí a adivinar la
línea siguiente de la historia que nos contó, era imposible no hacerlo, semejante ser de luz, la solidaria,
la bondadosa, la que literalmente se sacaba el pan de la boca para otros; y ese amor, cuanto amor para sus hijos, en este
caso puntual con Dicxon, a quién brindaba total apoyo en cuanta causa social él emprendía.
|
No era difícil verle preparar una docena de viandas de sopa de pollo, para
aquellos seres al borde de la muerte en el hospital que frecuentaba Dicxon, en su afán de hacer más fácil
el transito al más allá de estos desafortunados seres contagiados por el VIH, cuando aún la terapia tan
incipiente no permitía pensar en prolongar los días que tenían contados o como cuando de recolectar fondos
para proyectos infantiles en áreas rurales de nuestra violentada América se trataba; y Alicia era la pionera,
la que creaba deliciosos bufets, a los que llegaban los amigos con el ánimo de contribuir pero al mismo tiempo disfrutar
los deliciosos platillos que ya tenían fama. Esa era Alicia, la que en 23 años de casada solo pudo decir que
fue feliz el primer año, la que confió plenamente en su esposo, hasta que la realidad le dijo otra cosa, la
que sufrió todas las decepciones, que sintió morir literalmente, no solo a manos de su esposo, también
al seguir su historia se dan a conocer episodios de ataques de terceros a su vida y a la de uno de sus hijos. La que oró
porque cesara la violencia partidista para poder regresar al terruño que tanto extrañaba, para ver nacer su
cuarto hijo ahí, en su Buga del alma, sí, la Alicia que como muchas mujeres de su época experimentó
la obligatoriedad de parir más hijos de los que un cuerpo pueda soportar.
|
|
 |