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Amanda Patarca

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Welcome to Peace for our time and the timeof our children and the children
 of their children through the culture of the Fine Arts in the gardens of their
minds and of their hearts. The world of Poetry turned
into constructive facts of Peace and universal Harmony.


 
Bienvenida a la Paz para nuestro tiempo y el tiempo de nuestros hijos y los hijos de sus hijos
a través del cultivo de las Bellas Artes en los jardines de su mente y sus corazones .
El mundo de la Poesía convertido en hechos conductores de Paz y Armonia universal.




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VOCES DE ESPERANZA  
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Iluminan el camino y convocan a reunirnos fraternalmente para cultivar en los jóvenes corazones el bello y sagrado espíritu de las Bellas Artes 

 

 



 OSTRACISMO (como aislamiento, ofrenda y/o desprendimiento)
 
Yo soy la que está del otro lado de las cosas generadas por mi aliento;
del otro lado de los hechos, concretados por mis ganas, en otro tiempo;
del otro lado del espacio en donde ayer imperaba la certeza.
Lejana dimensión inolvidable aquella, dentro de cuyo centro se embrionó mi ser
sin imaginar nunca -como hoy, desde este remoto lugar lo estoy haciendo  
que un día,  la vida cotidiana terminaría para mí, sin dejar yo de existir
ganada por la muerte, mucho antes de morir.

Yo soy la que ahora espía sosegada detrás de las colinas
que ocultan los fulgores del sol sobre los mares;
la misma que hoy añora lo vivido y registrado en mi ayer;
el que me sonreía al cruzar por los puentes,
mediadores pasivos de rústicas labores.  
Esos, los que allanando escollos del camino y actuando de soporte,
exaltaron sin voz desde su génesis, la firmeza pesada de su estirpe social
y  la grandeza secreta de esta prosperidad global.  
 
Pero la incertidumbre, que oscurece las mentes,
angustiando hasta el alma de los que como yo, detectan  a los que tejen lento
y a los que exigen pan sin transpirar sus frentes,
no permite que yo espíe. Ella, con su energía incierta,
sólo instiga a sus aliados, sugiriendo.
Y así, asociada a ellos, mitigando la destreza de mis ojos,
terminaron, todos, reduciendo mi accionar  normal . 
 
 Por eso mi conciencia -la que observa conmigo replegada y 
ansiosa,

envuelta en la penumbra de este ocaso que aspira a eternizarse,
implora suplicando, el fin del singular suceso que engendra esta cuestión
Y es ella, mi conciencia, la que desde el indicio de la luz del día,
hasta el último espasmo del sol en el poniente,
me invita a contemplar, desde su propio ensueño,
-atrapada como estoy, y adormecida- 
el trazado certero de mi  sino al cual,
ubicada de este otro lado de las cosas y los hechos,
me es imposible llegar a vislumbrar.
 
 
Si  a mi conciencia mi destino inquieta, hermoso y cargado de sorpresas, debe ser, me digo:   
Él es el que implorándome, desde su línea horizontal, precisa y quieta,
a través del cielo diáfano en su azul de cristal puro, me sugiere anhelante,
gritando y repitiendo como un eco, lo que mi ser desea, sin estar del todo convencida.
 
Y escuché lo que dijo: "Que sólo regresando a lo que entonces era, 
proseguirá mi vida cotidiana, activada a mi manera, palpitante y feliz"
La vida que hoy percibo detenida, a oscuras todavía, y en vano secuestrada
moviéndose hacia abajo lentamente en silencio y en constante desliz,
motivo por el cual me encuentro aquí,  
Y a pesar de todo, sintiéndome asombrada, me escuché respondiéndole: ¡Lo lograré!...
 
Lo lograré sin prisa. Sin pensar en venganzas por mi tiempo perdido;
desechando mi apego a este ostracismo gris que me mantiene al márgen.
Ubicándome lejos de las noticias falsas; olvidando recuerdos de forzadas caídas
y de la incertidumbre que se pasea airosa, indecisa y nerviosa, por todas las orillas.
Curándome  la herida asestada con saña, la que aún carga mi cuerpo con malsano rencor.
Sabiendo, sin embargo que la mía, florecida y sangrante todavía, ya dejó cicatriz.  
 
                                                                                          Amanda Patarca                    


Acápite III: 
 

Algo sobre la causa de un efecto -necesaria siempre: El verano lleva un anhelo agazapado:
 
Remover las flores para que aparezcan los frutos. Entonces, lo cierto sería -y habría que aceptarlo-
que sin la existencia del verano la aparición de los frutos carecería de causa. 
Una causa, cualquiera, se mantiene agazapada en el anhelo hasta que la oportunidad, haciéndose presente, 
favorezca la puesta en marcha de la circunstancia que habrá de tornarla posible. Ya que, al soltar sus resortes,
permite la concreción de los hechos y de las cosas resultantes de los hechos. 



POEMA
 
Un anhelo mío, entre millones ajenos, espera la oportunidad de concretarse 
para transformarse en causa. Y aquí estoy yo, aportándole mi paciencia y algo más.
La voluntad no espera: ella actúa, lo sé.
 
Pero a veces se cansa y sobre la trama espesa multicolorida, despliega su conciencia 
poniéndola al servicio de alguna explicación.
Y la prudencia, entonces, -ese algo más que agrego en el telar de todos- 
sabiendo que ella frena los frutos proyectados por la urdimbre, 
sufre replegada y sumisa, los efectos angustiantes de su frustración.
 
La paz de la quietud exige controversia, me digo.
La inmovilidad, necesitada de anhelos cumplidos, entrega su mutismo a manos llenas
cuando la incertidumbre se hace dueña de los hechos en la situación planteada.
Y así como el futuro se construye accionando, todo se deteriora fatalmente con el tiempo.
Alguien, con la aguja aferrada a su mano, del otro lado del tapiz frenado 
se complace en observar, pretendiendo dirigir el tráfico de hilos enredados, 
-lo intuyo- pero la lentitud de los que tejen algo 
y la quietud de los que exigen siempre, no lo dejan. No permiten al espía complacerse.

 

Y así como la vida, sin mediar deseo ni intención alguna, sola y sin ninguna ayuda, 
desde los inicios de su gestación en los tiempos remotos,
se encargó de reanimar sus repetidas inercias vejatorias, aciagas, funestas... funerarias... 
de igual forma se reactivará algún día, cuando iluminada 
descartando dudas y remordimientos, pensando en su bien y el de todo el mundo; 
sin temblar de espanto al firmar su mano ni soltar lamentos 
por posibles causas de arrepentimiento vano DECRETE, CON FUERZA DE LEY 
sin derecho a veto, ni revocación: QUE ESTA PAUSA ACABE. 
Con respeto "humano", tolerancia mutua y comunión de hermanos.

 

Amanda Patarca.

UN ANHELO ESPERA (Poema libre dedicado al año 2020)

 

Acápites aclaratorios del concepto CAUSA.
 

Acápite I: Con el auxilio de nuestra propia experiencia, hemos comprobado que la VIDA cotidiana ACTUAL
se nos está presentando como insospechada tanto de culpa como de responsabilidad. Y es precisamente,
debido a ese especial atributo registrado a su nombre, que a nadie se le ocurre molestarla en circunstancias aciagas,
aunque ella, a veces, usando algún pretexto -escapado de sus leyes- consiga atribularnos.
 
Acápite II:
 
La vida, como entidad reanimadora en continuo movimiento, entronizada dentro de la naturaleza,
se rige por sus propias leyes: las que el ser humano va descubriendo, aumentando así,
con su conocimiento, el mejor manejo de su protección. 
 
Yo, persona consciente, participando inmersa dentro de la humanidad entera, considerándola, por ahora insospechada,
de constituirse en responsable involucrada en causa alguna -como intuyen todos- replegada en mi misma,
con paciencia espero. Anhelando percibir pronto su inquietante proceder milenario, formulado en alguna norma resolutiva
hasta ahora ignorada, concerniente al cese de esta situación considerada insostenible.

 

URDIMBRE Y TRAMA EN CONJUNCIÓN PATRIÓTICA 

 

Acápite -¿Cómo será la llegada, a nosotros, de la Paz pura; 
sin manchas? ¿Y cuándo? Pregunto. Como para que no nos 
encuentre en pausa.

 
Esa urdimbre paralela trabajaba
esos hilos en sentido del largo.
Y ese ancho en la trama, el que apretaba,
nos daba el cuerpo para el trago amargo.
 
Todos tomamos parte de esa guerra:
la de la Libertad; y otras peores... 
hasta que un grito atroz partió esta tierra
la que exige, hoy, de todos ser mejores.
 
Con las señas y claves boca abajo,
 trenzando hilachas de aliento hice un tapiz 
que uní a la manta que hoy nos cubre a todos.
 
Su endeble trama de lucha y trabajo 
cruje con dolor sobre esta pampa gris.
Sus grietas sin luz ya acarrean lodos.

 

 RESPUESTA DE UNA INMIGRANTE ITALIANA A UN REPORTERO GRAFICO.

 
(soneto)

 

He venido de lejos como todas
añorando trabajo y más que nada
descontando que Dios de todos modos
dispondría un camino a mi llegada.
 
Yo soñé que al venir renacería
descubriendo un revés iluminado
y esa fuerza vital que da alegría...
he venido de Italia y me he quedado.
 
Hecha lazos de sangre que atraía;
convertida en asombro al alejarme
cuando supe que el sol no se escondía.
 
Hoy tan solo yo quiero de algún modo
que comprendan que aquello no fue fuga
yo me vine no más, eso fue todo.
 
Amanda Patarca.

 

 

 

 


 ELLA: LA FELICIDAD
 
(Trashumancia)
 
Y esa era la felicidad que compartíamos, sin reparar en su presencia ni reconocerle sus valores;
sin siquiera rendirle un pequeño tributo de amor, jamás.
Por eso un día, sin que nadie de la casa lo notara -y éramos ya muchos- se fue yendo despacito, 
sin quejarse, sin sonido ni ruido, ni recriminación.
 
Ahora que ya es tarde para hacerlo, la evoco, entristecida; convencida de que en algún lugar cercano, 
-al seguir viviendo como en casa lo hacía: injustamente inadvertida- la estará pasando mal. 
Tanto, como para que hoy me resulte fácil intuir que, por idéntico motivo, 
abandonándolo todo y sin remordimientos, resuelva dolorida irse; volar hacia otro hogar.

Volar, como ella sabe, hacia otras vidas jóvenes: inexperimentadas...
parejas principiantes, recién adentradas en la ciega ternura del estreno hogareño amoroso.
Juventud arrogante, indiferente, confiada... E ignorante, como siempre ocurre,
de su abnegado, silencioso, sublime y, hasta exagerado, humilde transcurrir.

 

 

El paraíso y sus cuentas. (Instantánea)

 

Una lluvia de flores cae del paraíso
y en mi pelo se anidan las cuentas del collar
que mi madre enhebraba hilvanando mi hechizo
mientras me perfumaba con su dulce mirar.
 
Mi patio está exaltado, su palidez me asombra,
titilan en la noche estrellas desde el suelo.
Y el paraíso enorme desbordando su sombra...
me envuelve con su manto regalándome el cielo.
 
Y mientras me detengo al roce de este instante,
oscilando aferrado a un brote de glicina
un pájaro pequeño de color fulgurante
me regala su gloria, cantándole a la vida.

 

 

Amanda Patarca, Continúe leyendo. Gracias,

OTOÑO EN BUENOS AIRES 

Si es propio de los pueblos pintarse de colores,
volverse fluorescentes, despertar sensaciones,
exaltar su paisaje con cuentos de amadores
para quedar prendidos sin más explicaciones...
 
Si en Italia su ocre me transportó a otro tiempo:
Al de aquellos cristianos que por Jesús morían
cuando a la lex romana la propalaba el viento
y en el gran Coliseo los césares reían...

Si París es plateado, lo supe en primavera
recorriendo sus calles hasta que amanecía...
Si a Londres vi colmado de bronces y maderas 
mientras en sus tejados el sol languidecía...

 


 

Si toda España es blanca; blanca como su suerte
gritando que no engendra ninguna anomalía
-pues sus mujeres ríen y sus hombres son fuertes-
demostrándole al mundo que no hay melancolía...
 
Yo añoro a Buenos Aires invadido de otoño,
mientras lucha el verano tratando de durar.
La imagino arrogante rodeada de retoños,
con colores brillantes que tienden a cegar.
 
Lo que sucede es simple, se explica de algún modo:
En su otoño he vivido cuando empecé a crecer,
cuando, siempre, asombrada lo preguntaba todo.
Yo creo que su otoño debiera florecer.

 


¡Jacarandá!


-Dijo la flor celeste desde el suelo-. 
Mi plaza reza y si florece llora.
Reza con Dios cuando se acerca al cielo,
llora con Él cuando en su suelo implora.

¡Qué hermosa está mi plaza colorida!
¡Qué extraña paz se asienta en su follaje!
El vibrar de una luz cerró mi herida.
Su azul-violáceo transformó el paisaje.

Todo es quietud; mil flores allá arriba
aplacando el fulgor de las retamas
me informan de la vida que se iba 
desprendiendo capullos de sus ramas.

No saben de morir pero se mueren
renaciendo caídas sobre el suelo.
No saben de nacer pero sonríen
cuando me ofrecen duplicado el cielo.

Como lluvia de plumas sublevadas
desde donde está Dios caen y caen
para poder planear como ellas saben
entregando su vuelo a mi mirada.

Cuando el día se va, la plaza queda
semioculta detrás de su alegría.
Pero al volver, la luz de cada día
viste de azul lo que en la calle rueda.

¡Jacarandá! me dice mi alma en celo.
Tu plaza reza y si florece implora.
Reza con Dios cuando refleja el cielo
Ora con Él cuando su suelo llora.

Poema Mi Plaza

 

Acápite

Cómo será de grande mi desierto/
bajo este cielo gris, tan prolongado/
si esto siguiera siendo como ahora.

 

 

Bajó una nube y envolvió la plaza,
la que sumida en sombras se derrama
buscando en su tanteo cobijarse.
La niebla que la cubre no la ampara,
la moja. Y empapada en la penumbra
convoca pajaritos en sus copas.
Todo es bullicio allí. Aquí congoja.
Congoja y soledad. Sórdidas notas.

 

 

La vibración de trinos se agiganta.
Su invisibilidad nos desespera.
Mi nostalgia se adentra en madrugadas
indiferentes al vaho del amor
que fluía aquí, tras este ventanal
cubierto de azahares aromados.
El que atrapó a mi plaza en su cristal
y al que hoy le es imposible no observarla.

 

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EL LIBRO Y LA HORA DIGITAL
 
El libro -algo concreto- preservó, preserva y preservará, seguramente en el futuro,  como lo hizo hasta ahora, la longevidad o persistencia de lo escrito, manteniendo custodiado, a través del tiempo, su contenido, el que se corresponde con todo lo real, ideal o ficcionalmente vivido.
Con él ha conseguido el hombre -pensador anhelante y creador prolífero- desplazar hacia delante, es decir hacia el futuro, la línea ilusoria del horizonte temporal, trazada por su propia alma, relacionando, así, funcionalmente, el efímero "ahora" con el más allá de la duración de la vida.
La era digital, dentro de la cual los seres humanos nos encontramos inmersos hoy, fue la encargada, mediante su aporte tecnológico, todavía incomprensible para muchos, de transformar en inmaterial o abstracta esa "bíblica" custodia, hasta hace poco de foliatura vegetal.
 
Aquí debemos detenernos para reconocer que el hombre, valiéndose de la tecnología, escribe y publica en soportes varios y lo está haciendo con inmejorables intenciones. Una buena parte del conocimiento obtenido, se encuentra, hoy, suspendido en la "dimensión virtualidad", difuminado, desintegrado, atomizado con forma de nube o niebla de rocío o polvo de cristales minúsculos. En la "nube", es decir en las alturas. Y así parece, (ya que así nos lo imaginamos todos) por cuanto es allí, en lo alto, donde los humanos ubicamos todo lo que se nos presenta como misterioso. Nube, a la que concebimos deslizándose lentamente y en expansión, envolviéndonos de a ratos
.
Pues bien, de ella debemos decir varias cosas: a) No sólo que se mantiene, en ese sitio conformando "la nube" concebida por nuestra imaginación, sino, también, b) que, de manera excelente, se encuentra sostenida por "lo tecnológico", en algún disco rígido gigantesco el cual, -funcionando de la manera en que lo hacen las neuronas y otras partes del cerebro humano- al sobrevenir las ganas de saber algo o conocer algo o volver a insistir en antiguos saberes, conocimientos o informes "almacenados" allí, con sólo llegar a activar, de manera correcta, cierto mecanismo, esa sola acción nos permite tomar parte del ritual mediante el cual se consigue, como por arte de magia, que el acceso o el retorno deseado respecto de todo cuanto concierne a ese universo, -ya sea estableciéndose o restableciéndose- se cumpla. Y se cumple (somos todos testigos de esa verdad) cuando se produce el reencuentro, de la idea expresada por medio de una frase enviada en su momento a "la nube", con algo relativamente consistente, concreto y hasta comprobadamente firme, ubicado en la dimensión "real", como lo es "la pantalla", en medio de la cual encontramos escrita plasmáticamente (es decir sobre agua) esa idea, luego del requerimiento provocado, las tantas veces que hacerlo fue considerado necesario.  Idea, ésta, expresada, previamente, en la frase enviada a la dimensión virtual y de la cual sólo sabemos que fue depositada allí para quedar  apresada con su forma delineada ya perdida, movida, borroneada, de palabra no expresada, ni emitida, ni escrita, siquiera. Pero mantenida, allí, en suspenso, en tren de espera, jugando su pasivo rol, sin posibilidad de huída.  
Diremos por último c) Que esa pantalla, (la generadora y receptora) siempre actúa, de manera natural, en su calidad de "intermediaria", entre la idea, en estado de preservación y absolutamente cargada de represión (represión al sólo efecto de permanecer obligatoriamente escondida por el tiempo que dure su latente espera), y el papel u otro soporte a crearse en el futuro (impensado, todavía), los cuales habrán de servir, cuando la impresión se concrete, para testimoniar, de manera "real" y "fehaciente", sobre la persistencia de la existencia de las ideas contenedoras del conocimiento e información, resguardados de ese modo, en la dimensión virtual.
 
Conocimiento e información que permiten al ser humano ir acercándose paulatinamente a la Verdad.  Verdad siempre relativa, considerada por Nietszche en su Artículo "Sobre Verdad y Mentira, en sentido extra moral" contenido en el libro: "Sobre verdad y mentira Friedrich Nietzsche Hans Vaihinger", Editorial Tecnos. Madrid 1998, como "metáfora conceptual de la realidad" (en constante acercamiento).
 
Cuando del "saber" se trata, todos anhelamos, respecto de él, un buen resguardo; una sobrevivencia, del mismo, "efectiva". Palabra, esta última, proveniente de la idea de "acción efectora" o dicho de otro  modo: "Acción concreta: la que cobra efecto. Acción contundentemente real, por "efectivizarse" sobre base sólida.
 
Entonces y por todo lo expresado, sólo nos resta decir, al respecto, lo que ya todos sabemos: 1º Que el ser humano común, práctico conocedor del manejo de la tecnología, carece del grado de conocimiento suficiente, necesario para comprender, en profundidad, las verdaderas claves de las fórmulas cuyo dominio posibilita el control funcional de lo depositado  en "la nube". Y 2º Que actualmente los ingenieros, técnicos electrónicos del mundo entero; investigadores   especializados, todos, de modo conveniente, en este asunto, son, quienes se encuentran capacitados, precisamente, para expresar la última palabra y actuar en consecuencia, respecto de los casos que este tema genere. Y que, de entre ellos, son, en realidad, muy pocos los que tienen acceso al ejercicio de ese tipo de control franco. El ansiado. El que garantice de aquí en más el cumplimiento de la hoy declarada sagrada consigna: La de mantener con vida eterna esa información compleja acumulada y ese grado superlativo de conocimiento adquirido, al que, los humanos, hemos arribado. A ellos y sólo a ellos, les solicitamos, puntualmente, que consideren la posibilidad de que ese resguardo resulte  rigurosamente efectivo, especialmente cuando la humanidad se encuentre  inmersa en algún momento de los llamados "críticos" (Por lo peligrosos). Momentos en los que el papel, por ejemplo, o cualquier otro tipo de soporte, de preservación real y lógico, por causas diferentes, dejen de requerirse.
                                                                                      

  Amanda Patarca (2020) Es miembro del Instituto Literario y Cultural Hispánico, (ILCH), con sede en Carson, distrito próximo a la ciudad de Los Ángeles, EE.UU (Presidenta: Juana Arancibia); de "Cove/Rincón Internacional" con sede en Miami (Presidenta Marily Reyes); de U.H.E (Unión Hispano/mundial de Escritores), con sede en Lima Perú (Presidente: Carlos Hugo Garrido Chalén); de Asociación Americana de Poetas Ester de Izaguirre (Última Presidenta); del Grupo "Marta de París" (Ex Té con Palabras", T.C.P.), (Presidenta Marta de París); de Gente de Letras, con sede en la ciudad de Buenos Aires (Presidente Adalberto Polti); y de Fundación para la Poesía. Las cuatro últimas instituciones nombradas con sede en Buenos Aires, Argentina.    

Tiene actualmente once libros publicados, relacionados con los rubros "Poesía", "Ensayo",Dramaturgia",Narrativa", "Cuento" y "Novela". Recibió por su obra premios, distinciones y menciones a nivel provincial, nacional e internacional,destacándose el recibido,el 2 de mayo de 2001: Primer Premio de Novela Corta Inédita otorgado por La FUNDACION "EL LIBRO",con auspicio de la Empresa XEROX, en el marco(de la XXVII Feria Internacional del Libro, de la ciudad de Buenos Aires,precisamente por esta novela: "El Convite de la Mora" (Luego llevado por suautora a guión cinematográfico
(concretado en película de largometraje artístico y libro teatral); y los dos primeros premios de poesía otorgados por Cove/Rincón de Miami, EE.UU, por sus poema
"Otoño en Buenos Aires"(2011),¡Jacarandá! (2012) y por el cuento

A los tres Gauchos de Renca (2019. Como invitada a distintos Encuentros de Poetas y Narradores,recorre constantemente el país y el extranjero estrechando lazos de amistad y camaradería. Su dramaturgia, así como sus novelas, fueron estudiadas desde diferentes puntos de vista, con trabajos de investigación y análisis,expuestos en simposios, organizados por entidades independientes y dependientes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires -Estudios de Teatro (TEALHI) y Área Literatura- Prof. Estela Castronuovo; de la Universidad de Luján Prof. Valeria Badano, como así también por Paula Margulis, escritora ganadorade un Primer Premio MC de novela, a nivel internacional. En 2015,m dentro del marco de la Feria del Libro de la Ciudad de La Plata,m correspondiente a ese año, le fue adjudicada la Faja de Honor de la S.E.P (Sociedad de Escritores dem la Provincia de Buenos Aires), a su último libro de poemas: "El altar de los acordes en sol mayor", como en años anteriores a otras obras.

   

                                                                                                                         




AMANDA PATARCA
Currículum breve
 
Escritora argentina, mujer de campo, amante de la naturaleza, productora rural,
abogada-escribana, nacida en Capital Federal y residente desde 1975,
en la ciudad de Arrecifes, ubicada en el norte bonaerense.
Lugar apacible de predios rústicos cuyas campiñas de tierras onduladas,
transitadas por suaves brisas y abundantes lluvias, le permitieron, ya desde su llegada,
colmar sus pupilas con todos los tonos que surgen del cielo y que sólo el suelo fértil
y cuidado como allí lo cuidan, puede reflejar.

El HUMO
 
En aquella, época, anterior al fuego, todo era sol y luz o penumbra de lluvia y niebla durante el día y espesas sombras funerales bajo la inmensa bóveda del cielo durante la noche. Sombras que, al girar amenazantes envolviendo con su manto cuanto abarcaban, imponían, sin remedio, a partir del inicio del ocaso desarrollado lenta e imperceptiblemente, la más aterradora oscuridad. Para los hombres, de manera coincidente, todo era allí presencia pura y transmisión oral.

Alguien, un demonio quizá o acaso un ángel, tentando un fuego al que imaginó cálido y capaz de iluminarlo todo, logró quemar sus propios cabellos a los que envolvió, apretándolos, en forma de cilindros, en hojas secas de alcanfor. Ello así, para que no perdieran su genuina fragancia. 
 
Ocurrió, entonces, que el ardor sabroso percibido al aspirar esa extraña cosa apenas encendida, duró lo que el humo. Sin embargo, el efímero placer del fumar otorgado por el pequeño fuego -adquisición previa a la epopeya del dominio total de aquel otro fuego, el formidable- permitió a sus gestadores, así dijeron, el logro de una gran satisfacción en miniatura. 
Minutos más tarde, sólo unos pocos, aquel fuego intrascendente, ahogado entre sollozos y sin fuerza, trepando por un hilo, presagio negro de su propia suerte, se fue apagando. Y así sucede siempre... desde época inmemorial, los fumadores lo saben bien.
 
El fuego afortunado, el verdadero, el que toma parte de la "feliz coincidencia", el que abrasa creando renovadas trascendencia, no consiguió aparecer sino más tarde. Después de que a algunos hombres se les ocurriera convocar a gritos, proferidos con toda el alma, a "la verdad". Verdad que a aquellos hombres les estaba haciendo falta, en paralelo con la luz. De allí el reclamo doble, iniciado con un solo grito determinante y establecedor de la meta a la cual deseaban arribar. Grito proseguido con la ininterrumpida repetición de esa palabra "verdad", vocalizada y multiplicada en infinidad de tentativas concretadas en pos de su logro. Todo, para que con la persistente energía producida a partir de ese grito intencional -así dijeron y, también al fin lo consiguieron- las tenebrosas sombras que generaban miedo a todos, llegaran a neutralizarse. 
 
Tanto al convocador inicial como a los demás que le siguieron, no les fue nunca posible encontrarse, cara a cara, con "la verdad absoluta". Debido a eso, ellos intuían no sólo su "relatividad", en función de las precarias circunstancias del comienzo, sino también su "progresividad" en la manera de manifestarse al hombre. Hoy, sin que a la especie humana la movilice duda alguna al respecto y habiendo tomado conciencia de la existencia de sendos atributos, asegura testimoniando lo que el tiempo en su correr le permite corroborar: Que la verdad, actuando en un todo de acuerdo con la teoría de la evolución, cuyo fundamento se concretó mucho después, fue manifestándose gradualmente a aquellos que, con energía, la convocaban. Y la verdad fue manifestándose en etapas, cuyos segmentos denominados "capítulos", para una mejor comprensión, dosificados en la medida que consiguieran completarse, facilitaban la toma de posesión de "esa verdad convocada", disminuyendo la distancia existente hacia la misma, acrecentando "el saber" llamado también "conocimiento".
 
Fue así como el pequeño fulgor de ese fuego generado para crecer resplandeciendo desde la nada se fue transformando en luz disipadora de tinieblas, proveedoras, estas últimas, de terrores y ansiedades. Ambos, son reconocidos como manipuladores intrigantes de sensaciones, sentimientos y pensamientos, los cuales siempre giran alrededor de las dos perpetuas y antagónicas situaciones, las que, desde el origen de los tiempos y comprobadamente, generan en todo ser humano inteligente muchísima impaciencia. Él sabe que la felicidad de hoy, indefectiblemente se encuentra condenada a trocarse, tarde o temprano, en infelicidad. También sabe -porque la experiencia también se lo demostró- que la infelicidad de hoy, por suerte, se encuentra, también, empujada a trocarse en felicidad. 
Ambas posibilidades, respecto de cuyo cumplimiento consecutivo la ley de estadística, al presentarlas, convence, inquietan al hombre tornándolo ansioso. Y es así como, entonces, al llegar a este punto, esa constante atención, unida a los conocimientos gradualmente dosificados en capítulos, (aprendidos en un primer momento por transmisión oral y más tarde por transmisión escrita manual y mecánica gracias a la feliz creación de la imprenta) consigue, despejando incógnitas, calmar a cuanto espíritu clame por aquietar su inquietud. Inquietud atribuida hoy, en gran medida, al grado superlativo de ignorancia acumulada -léase oscuridad-. 
 
Aquí, ya en esta instancia, no debemos olvidar que con la imprenta se logró facilitar enormemente la trascendencia de su perpetuación a través de los tiempos. Y eso, sólo con la simple presencia de la página escrita, es decir: sin la necesidad de contar con la del emisor del mensaje/consigna/enseñanza. Por esta simple razón es que ya no existen dudas al respecto: ese fuego trascendente -llamado así por cuanto desde su propio interior emana potentes efluvios de llamas generadoras de luz esclarecedora- torna posible el conocimiento de todo cuanto al hombre se le ocurra aprender investigando, experimentando.
 
En fin, llegamos a afirmar, entonces, que estudiando, en primer término, los antecedentes orales o escritos llegados hasta ese hombre, respecto del caso, asunto u objeto colocado en la mira para su análisis, podrá éste proseguir, luego, la tarea expresando el consecuente al cual ha accedido, por medio del análisis. Consecuente resultante que, de considerarse necesario, será recogido en un texto (libro escrito) con el cual se habrá conseguido su proyección hacia la posteridad. El texto (no referido; difícil ahora de encontrar) de la leyenda genuina del Humo; concerniente al antecedente del fuego exaltador de la lectura gozosa, al cual, sin conocerlo, se nos ocurriera complementarlo con el análisis conjetural precedente, según lo transcripto, hace años, en un pequeño recorte impreso en un antiguo diario de Buenos Aires, fue encontrado escrito en un rollo de papiro, dentro de un cofre cerrado, desenterrado bajo uno de los árboles del Monte de los Olivos, lugar en donde predicó Jesús. Probablemente (conjetura en medio) dicho texto decía lo siguiente: "Había una vez un fuego fatuo dentro de un cigarro alcanforado al que correspondía una pequeña llama de luz intrascendente. Fuego y llama fueron transformándose entre los dedos del fumador hasta convertirse, en muy corto tiempo, en un hilo negro de humo, elevándose desde un montículo insignificante de cenizas ya despojadas de toda energía". 
 
Y bastó eso para poder agregarse a lo dicho, lo que la lógica reflexiva nos dicta a todos: Sobrevino, luego, otro fuego: El feliz fuego verdadero, llamado fuego afortunado en razón de su trascendencia. El cual a partir de su inicial resplandor mantuvo viva la portentosa y clara llama otorgadora de la luz que hace posible, a los seres humanos, acceder al conocimiento gradual, de cuanto se les ocurra. 
Conocimiento que, sistemáticamente dosificado, es entregado a éstos en capítulos progresivos con cuya fragmentada fórmula de lenta asimilación consiguen el delicioso goce -éxtasis interior- que proporciona la ascensión al aprendizaje, segmento inicial del magno emprendimiento que constituye el extenso viaje hacia la sabiduría.
 
PODEROSO AUN, EL CONOCIMIENTO, ASÍ OBTENIDO (En forma de Capítulos segmentados), TODAVÍA, DESDE SU MORADA (ATALAYA), UBICADA EN NUESTRA INTERIORIDAD, NOS SALVA, RESGUARDANDO NUESTRO SER COMPLETO: MENTE Y CUERPO.
 
Eso así, porque el día que captemos al instante el pensamiento de nuestro interlocutor o de la persona que, ubicada cerca o lejos de nosotros, pretendamos transformarla en objeto de investigación en su faz abstracta, mental, ideal o anímica-espiritual, aprisionando, en nuestra memoria, de manera natural, lo que habremos de obtener (como resultado de esa investigación), tal como hacemos con las imágenes o los sonidos o cualquier otra sensación generada por los sentidos, dirigiéndonos, sin escala, hacia el caos, habremos iniciado, en ese instante, la cuenta regresiva hacia el Big-bang.
La grabación, en general, de cualquier cosa es un acto de poder. Para conseguir hacerlo bien, es decir referentemente (con causa y objetivo a la vez), es necesario saber sobre esa cosa, que es mucho más que estar informado. Es imprescindible, además, para que la captación y su grabación adquieran un sentido coherente, llegar a interpretar esa cosa y/o la trayectoria evolutiva de esa cosa para que quede en la memoria del que graba, de manera perfecta. Eso, para que del análisis efectuado por él mismo, respecto del grado de ahonde conseguido en dicha interpretación pueda surgir, entonces, recién entonces, la posibilidad de testimoniar sólo lo considerado por él atesorable. Que es lo que hoy deberíamos hacer con todo lo capturado y atesorado indiscriminadamente por medio de la tecnología.