Hojas de CalendarioíTENGO SED! *

Panorama 

México, 1970

Me gustan las pequeñeces y la sencillez

de mi tierra.

Añoro las casitas alegres de la sabana procera...

Me gustan tanto los rincones humildes

de mi antigua vereda;

tanto las empinadas calles angostas

y torcidas...

Quiero regresar por sus caminos polvorientos

dibujados por los pinos y los sauces

y soñar de nuevo

al amparo de sus pueblos somnolientos...

Quiero los campanarios perdidos

en las montañas agrestes

y las flotas traviesas

y los gallos, cacareando en las mañanas...

Me fascinan las sencilleces

y dulzuras de mi tierra,

y el encanto dormido

de sus gentes humildes y buenas.

*****

Espejismo

Visión de New York 1959

 

Bardo de luz en la bahía azul;

es un remanso en la mitad del abismo

con bordes de acero,

círculos de plata...

Bote rojo viene y va...

cuantas veces en la cubierta, nieve;

Otras, sol ardiente

y gargantas sedientas, sin alivio...

Parece muerta desde mi torre alta

la bahía verdinegra,

con sus orillas de asfalto

y sus islas de agujas...

Vigilan los marinos viejos

las migrantes naves

y la espuma del agua se queja

de su carga de proas...

No quiero cruzar la llanura

ni mirar a la Estatua

ni llegar hasta Brooklyn

ni trepar las agujas de acero...

No quiero anegar la mirada

en la loca corriente

ni rodar con la gente

por cascabeles de hierro...

No quiero escuchar las miserias

que llegan y llegan y llegan

del Sur y del Norte,

de Occidente y de Oriente...

Quiero tan solo mirar la bahía

lejana, la inquieta portada,

y al sentirla de ofertas preñada,

anhelar que no venga la guerra...

 

******

¡Cuba, Oh Cuba! ¡Isla y Mar!

La Habana 1965

Eres un sueño azul acariciado

por las olas inquietas del Caribe,

con tus cuatro caminos dorados

horizontes de mar y arrecife.

 

Novia inquieta del sol y del viento,

graciosa en la brisa y el fino salero,

soñadora bajo un cielo de alientos

al compás de tu ritmo habanero.

 

España te amó con locura tirana;

clavó tu bandera en tu costa bravía

y en el alba de un valiente mañana

orgullosa venciste tamaña osadía.

 

Fuiste libre para tus rutas marinas,

y tu canto salvaje y la miel de tu caña...

libre verde llanura de paz campesina,

sensual soberana de una eterna mañana.

 

Bañada de sol, ignoraste la noche de ayer

y el huracán furtivo en la lejanía...

embriagada de luz y ruleta viste anochecer

el torbellino alegre de tu mediodía.

 

Llegó la tarde aquella de Año Viejo

y al repique de las doce campanadas

se estremeció la noche con el dejo

funeral de tu última alborada.

 

 

Bajaron de la serranía los bastardos

y se abrieron tus carnes tropicales

al ímpetu rebelde de mentidos bardos,

gérmenes de los rojos arrabales.

 

 

Fue aquella madrugada de Año Nuevo

la última de alegre extravagancia,

el último girón de libertad al viento,

tu América, tu brisa y tu semblanza.

 

La primera noche de sombras fugitivas:

el fatigado sueño turbado de agonía;

el paredón infame, la amarga despedida,

el huérfano, la viuda y la sangría.

 

El prólogo fatal de un largo ocaso

en horizontes de Pinos y Santiago;

de Cochinos el valor ante el fracaso,

del rojo abismo los pérfidos halagos.

 

Sediento a tus rodillas tu pueblo procero

espera en el campo doliente del exilio;

tus llanuras, arsenal y semillero

de mártires, cadenas y presidios.

 

Testigo el mundo de tu suerte esquiva,

solo resucitas en batalla incruenta

como una palma real en la manigua,

altiva en el pantano y la tormenta.

 

Los hijos tuyos te veneran prisionera;

peregrinos en su sangre llevan

de Martí la herencia varonil procera

y en silencio nueva libertad esperan.

 

¡Cuba, Oh Cuba! ¡Isla y Mar!

¡No hay tiempo para llorarte todavía

ni dormir en los brazos del azar!

¡Solo hay tiempo para otro mediodía!

 

Mañana volverás, princesa florecida

a madrugar altiva en tus almenas;

Sera tu cruz como el calvario, Vida,

y tus llanuras verdes, ávidas colmenas.

.

Mar Palma Puerto

A Don Luis A. Ferré

En su Inauguración como Gobernador de Puerto Rico

Enero de 1969

 

¡Venid a mí, Oh Musas, soy tu caballero andante!

Necesito el verde azul del mar sin límites.

Quiero la Palma con su estatura galante.

Anhelo el oro mismo de la playa borinque.

¡Venid a mí!, ¡Oh Musas! ¡Soy tu caballero andante!

 

Mar

 

El mar me brinda inspiración al contemplar

su majestad besar la roca que pisamos;

Inaugura así la inmensidad al titular

de la tierra del Encanto que tanto respetamos.

 

Bautizado con una agua de euforia

de ríos crecidos por un valle oprimido,

le señala la vida un reto a la historia,

los dioses un alto y grandioso destino.

 

Dadle, ¡Oh mar! la medida de tu anchura;

mitiga tu altivez al paso de la nave

que el viaje es largo y vasta la llanura.

 

De horizonte inciertos; hay muchas aves

viajeras a bordo del intrépido velero...

¡Buen viaje y buena mar a los guerreros!

 

Palma

 

Se yergue soñadora sobre los acantilados,

familiar silueta de bíblicas caravanas,

en las tardes isleñas agita sus costados

en gestación de frutas amarillas y cercanas.

 

¡Palma! Te mecen vientos inconmensurables;

un horizonte de quejas sacude tu melena;

la voluntad ajena conspira imperturbable

ansiosa de turbar tu majestad serena.

 

Eres símbolo de un nuevo amanecer;

creces a la orilla de todos los caminos,

vertical silueta de un eterno renacer.

 

Germinas desde San Juan hasta Arecibo;

En Ponce Reina y en Mayagüez princesa,

ocupas el trono inmortal de la Belleza.

 

Puerto

 

Fecundo el campo para el trigo, la caña

y el maíz, canta natura su sensual riqueza,

el coquí su soledad y la espadaña

leyendas nobles por las calles de la Fortaleza.

 

Puerto Rico para los viajeros del mundo;

el mar un camino de caracoles rosados

con gaviotas de paz en el aire profundo,

¡Puente hacia el ensueño de El Dorado!

 

Luis A, Ferré, Gobernador de Puerto Rico:

¡Honor! Os damos paso ¡Paso de Vencedor!

Que sea vuestro gobierno un mar pacífico,

 

inspiración procera para un mundo mejor,

la Palma, gentil señuelo en lontananza

sobre el mapa jovial de la Esperanza.

 

De Mí...                               1988

 

 

No digáis que me he cansado ya de la jornada

ni en que en dudas y veremos está mi alma inerte

y sorda en el portal sombrío de la misma nada 

pensando  en que le llegue la ominosa muerte.

 

Si a veces solo voy cual rumiando necias amarguras

y en el sobrio silencio de alguna tarde sin premura

apoyado yazgo contra recio tronco en  sólido encinar,

creer debéis que es un simple alto en mi eterno caminar.

 

No en vano se han cubierto tantos largos pasos

por los hoscos eriales quejumbrosos ni  hollado

tantos rumbos ni abitado tantas velas, pedazos

de olvidadas naves, restos de todo lo logrado.

 

Por ello este reclinar del hombro, breve y sin alarde,

para un hondo respirar profundo del cálido verano,

que a pesar de tantos lustros esta rauda nave

tiene que mañana un nuevo viaje comenzar temprano.

 

Arquitecto de todas las empresas que me fueron dables,

los sueños fueron alto vuelo de goces  y pesares,

que de lucha en lucha por alcanzar lejanos lares

dejaron la jornada sembrada de muchas tempestades.

 

 

Mas no digáis que fatigado ya el corazón desmaya.

Es que, talvez para las nuevas y próximas jornadas,

el reposar es sabia holgura mientras el alma ensaya

el recobrar la calma entre el pasado y el mañana.

 

¿Decir adiós a la existencia? ¡Imposible! No lo permite

 la vida en su eterno trajinar. Se crece o se perece.

Nada llena el ánfora y del mundo toda cosa se reviste

de imperiosa urgencia de nunca, nunca detenerse.

 

De tantas luchas bien se sabe. Mas no es el pronto ocaso

o de la noche larga el frío lo que arredrarnos debe.

¡Vamos!, es el no dejar abierto, libre y claro el paso

por donde a la cumbre lleguen los que decir amamos.

 

Si a veces solo voy cual rumiando necias amarguras

y en el sobrio silencio de alguna tarde sin premura

apoyado yazgo contra recio tronco en  sólido encinar,

creer debéis que es un simple alto en mi eterno caminar.


Rosas.jpg

Interpretación

 

Puerto Rico 1975

Mi último sueño

viene de lejos

y va para siempre.

Viene de un segundo

de alegría

y va para el tiempo.

Viene de travesuras

fantásticas

y va para la risa.

Viene de un olvido

pasajero

y va para el recuerdo.

Viene de una hora

de nidos

y va para un latido.

Viene de un baile

sedoso

y va para un concierto.

Viene de una playa

de oro tibio

y va para una cima.

Viene de una brisa

de rumores

y va para el viento.

Viene de una manzana

de alivios

y va para un huerto.

Viene de una copa

de burbujas

y va para un río.

Viene de un vuelo

nocturno

y va para una estrella.

Viene de haber sido

en otro tiempo

y va para volver.

Viene de lamentaciones

y de soledad

y va para el encuentro.

Viene de mi mismo

hecho de Ella

y va para los dos.

Viene del incierto

y de la espera

y va para la estrella.

Viene de los frutos

y la dicha

y va para el árbol.

Mi último sueño

viene de lejos

y va para siempre.

-4-3-2-1...

Cabo Cañaveral. Florida 1960.

 

Roto camino de estrellas

por un azul sombrío

donde la tierra gira

en puntos cristalinos...

Mira el hombre capsular

la curva blanca y verde;

Es tan sólo una esfera

en la nariz de sus anhelos;

Llegó el vacío

tras vertical despegue...

( En el espacio flotan

despojos orbitales).

Senderos de perros

en carruajes de acero...

Camino de ratas

en vestidos de "nylon"...

Cementerios flotantes

de martillos y estrellas...

(Ya se acercan

noticieros marcianos).

¡TIERRA! ¡TIERRA ESTÉRIL!

¡Cohetes de fuego!

¡Negación del vacío!

¡Conjura del átomo!

Tu cuello se apresta

bajo un hacha de micos...

¡Te quedaste sin forma

buscando la luna y el cielo!

******

BOLÍVAR... !OH BOLÍVAR!

Bogotá, Colombia, Quinta de Bolívar, 1966

 
Ayer, en el caos y la nada
las montañas fueron pequeñísimas colinas
y los valles, mares de vientos favorables
para la espada y la bandera
y la nave guerrera de los libertadores.
 
Lleno de siglos y de luz
el panorama de sueños del poderoso genio
giraba en torno de su nueva América
y era el río pujante de sus venas
un trueno de gestación eterna
con delirios profundos de grandeza.
 
No fue su lauro la corona fugaz
de los grandes que pasan por la tierra
conquistadores de humanas ambiciones.
Fue el eterno resplandor de un alma
con raíces del altura al infinito.
 
Sublime la proyección de aquel centauro,
soñó el futuro y en su corazón de oro
tañeron las campanas de su torre guerrera
al llamado de libertad del mundo granadino.
 
¡Oh Bolívar!, Bolívar robustecido
por el beso inmortal de tu destino;
Vednos aquí, en la mitad de tu América de sueños
pensando su fuiste leyenda de los viejos,
legítimo padre del mundo colombiano.
 
Reverbera el horizonte con latidos tormentosos
cuando mueren tus hijos en la bala
mortal de las guerrillas y en destrozos
corre la patria maltratada
por los valles que te vieron inmortal
regar la tierra de Granada en libertad.
 
Tu América duele de confín a confín;
Águila herida en su infinito vuelo,
invoca los centauros inmortales y sacude
con orgullo los mohosos pergaminos.
Falta la espada, el rayo y la epopeya
y el brazo sereno que sacudió la historia.
 
Héroe sereno que presides los cabildos
formado por tus hijos en los Andes;
Bolívar robustecido por los siglos,
hijo nativo de la altura, líder de la guerra,
Tu América espera timonel para tu barca
hundida en la agonía de otro siglo.
 
Tu América, busca tu semilla
por los surcos de su nueva juventud...
¡Solo encuentra funestas inquietudes
en los hijos de los hijos de los libertadores!
 
Tu sueño se ha desvanecido en holocausto
de ambición y holgura. La Nueva Granada
es nombre de batalla y señuelo de contienda
y en las aguas del Caribe se eleva traicionero
el emblema de inquietudes extranjeras,
sombra a tu credo, tu símbolo y tu gloria.
 
¡Simón Bolívar! Tu espada regenera.
Vives aún en el plano de la historia
y los arcos triunfales te recuerdan.
 
Vives aún. Conduce a los caudillos
de las nuevas gestas tras los lauros
que ganaron tu hidalguía y majestad.
Tu América espera de nuevo la epopeya.

*****

In Memoriam

 

Reforma. Ciudad de México 4 pm. eco mortal desde algún lugar
en Venezuela. Febrero 11, 1970
Escrito el día que recibí la noticia de su muerte física.
El verso perpetuará su memoria hasta el fin.

 

Marina A., ha muerto...su cuerpo ya remoto

en algún lugar inhóspito y extraño

ha quedado unido al silencio de lo ignoto

sin que pueda mi temblorosa mano

depositar una flor ante su tumba fría

con el desesperado gesto de la pena mía.

 

Veinte años de amistad y ausencia

para el sueño, lo imposible y lo tardío

en un mundo de inconstante presencia,

de angustia y de caminos vencidos.

 

Marina A. ha muerto. Hora funesta.

Cuando esperaba de mi última misiva

el eco feliz de su respuesta,

el aire trajo el eco mortal de su partida.

 

Siento el horror del cataclismo

que sacude de lejos las arterias.

Dolor es de lo que no pude ser...

tantos años sedientos, desolados

de haber sido niño, una vez,

hombre, hoy, fugitivo del pasado.

 

 

Soy Aquel...

 

 

 

 

Amigo, deja que me llegue a la puerta de tu casa. Vengo de lejos y estoy fatigado; tú eres mi amigo; crecimos juntos, ha ya mucho tiempo, pero, todo pasa y se olvida. No me reconoces, lo sé. Mas si vienes conmigo te mostraré mi carga de caminante y reconocerás de luego al que se fue un día, cuando te diga de paso que mi nombre es Jeremías, y el tuyo, si mal no me acuerdo, Ricardo.

 

¿Reconoces aquellos lazos que cuando éramos niños nos unían? Tu casa vecina a la mía, en esta vereda sin alas ni ambages retozaba la infancia jugando gambetas, persiguiendo brujitas, ahuyentando espantos, cazando ilusiones, y elevando cometas al frío paisaje de bruma y de viento.

 

Criaturas olvidadas hasta del cielo mismo fuimos, fatigado enjambre de inquietas abejas paramunas, almas abandonadas al azar de los andares. Pero no debo decir estas cosas. Las conoces más que yo. Excepto que a mí, a mí me llevaron las furias de un destino falaz, y a ti, a ti te sembraron tus sueños, aquí, ¡Si lo sabe Dios! en éste tu fuero poblado de haberes.

 

Pero, hay más, Ricardo. Más de mí... Recorrí los caminos del mundo, amé y odié. Perdí y gané. De todas las cosas un poco aprendí. Pasaron los años y el tiempo letal, crecieron frutos por todos los rumbos, y después de todo, solo con fuerzas quedé para volver, viejo, cansado y frugal; éste que veis aquí, amigo Ricardo, ¡Yo... soy Aquel!

 

Vengo sin nada... ¡No! Miento. Todo lo tengo aquí. Mi pueblo, este pueblo pequeño, mi casa, bueno, la que fue, pero... el recuerdo, la campiña, el reflejo de cielo que aquí tiene tanta calma, tu cara que jamás olvidé, y éste rincón ameno... todo lo llevo en el alma.

Te pido abrigo por unos días. Buscaré luego un albergue vecino y un pequeño cultivo. ¿Mi fardo? Recuerdos, solo recuerdos. Lo demás se quedó en el camino; lo fui gastando todo, mientras que las canas, bueno, ya llenan de nieve las cumbres del alma.

 

 

¿De mi vida actual, Ricardo? ¡Vaya!...Hoja soy al viento, soy otoño, soy viajero del último verano; los goces, el placer y la gloria los tuve en las manos, me embriagué de locura, de la vid de la holgura pendí, pero, ¡Qué va! todo eso no es más que historia... y sentimiento.

 

Quiero sentarme en las tardes a platicar contigo cosas viejas, descorrer el velo del tiempo, recrear imágenes sonrientes de aquellos que se fueron, de nosotros mismos repasar consejas, recordar a Esther... aquella dulce niña vecina de tu ilusión y de la mía, musa virgen, novia de un instante, nuestras primeras fiebres, los pálidos desvelos, algo ya de celos, tantos sueños, tan precoz olvido...

¿Sabes Ricardo? Siempre tuve envidia de ti. De tu jardín de almendros. De tu casona paterna. De tu sencillez de campesino bueno. De tu noble ambición de hortelano. De tu mundo, de aquí al pueblo. De tu vida serena y de esa paz eterna de abuelo que te asoma a la cara, y...de ese palpitar de tu alma, tan humano.

 

Mira lo mío. Tan diferente. Me siento inquieto y profundamente extraño. Siendo este mi nativo suelo, no lo es. Siendo tú mi amigo, soy desconocido. Llevo por dentro un profundo desengaño. Quiero ser el que se fue y no alcanzo a ser ni siquiera desdichado. Pero estoy aquí. Te llamo amigo, mi único amigo. Con eso me basta.

 

Lejos del ruido de la ciudad aquella, lejos de mi soledad acompañada, buscaré contigo la paz de la quebrada, el rumorar del río, la curva de la ermita, el silencioso templo, el noble alar de mi  escuelita, la tierra abonada para la siembra, quizá tardía, de la última semilla de mi fuente en camino de su otoño.

 

He sabido desprenderme de todo, Ricardo. De todo lo que no me convenía; más por suerte, Ricardo, jamás me desprendí del lazo fuerte que a mi tierra me atraía ni dejé de soñar en esta hora del retorno al pueblo de mi más preciada holgura, lo único real de Aquel que viajara caminos de locura...

 

 

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SIGUE,,, POÉTICA ETÉREA CANTO GENERAL (80 AÑOS DE POESIA SIN FRONTERAS..


 

Sin Nombre ni Apellido

Romance de los niños de la generación de las flores sentados al derredor de una antorcha apagada en una noche de velos en un cementerio blanco por los rayos de una luna en cuarto menguante.

 

 Viejo San Juan, Puerto Rico 1968

Esas flores tuvieron pétalos un día

cuando estaban prendidas

de un tronco aromado de travesuras

al final de una raíz hundida

en la tierra de una ciudad conocida...

 

El olfato me duele, paso de humos sin misiva,

porque no tiene recompensas del viento

y los ojos se achican en sus yertos balcones

buscando apariencia de madrugadas

en las majillas desteñidas de las rosas.

 

Era una isla de niños melancólicos de cera

que tocaban en silencio un ruido largo

mientras las patrullas cerraban el parque

funeral para el rosario de quejas

de sus cabezas ceñidas de flores yertas.

 

Todas las cosas cayeron desiertas

sobre la orfandad de las cruces quietas

y en la paciente soledad de la neblina

una guitarra carcomía con eco destemplado

el tedio profundo de letárgicos cerebros.

 

Los niños no conocían el silencio

porque estaban sordos del grito interior,

no veían crecer los racimos podridos

porque usaban anteojos grandes y negros

para cortar el sol de la alegría.

 

Un niño grande se sentó en el círculo

de palideces viciosas y profundas;

carcomido de ugre y de manías

entregose por los cuatro costados

al madero de todos los placeres urbanos.

 

La antorcha humeaba en la penumbra

con un dolor de luz agonizante

y los niños temblaban de alucinaciones

velando sus propias almas desprendidas

en mitad de la primera gestación.

 

Había un círculo externo de curiosidades

alargadas de risa por las melenas sucias!

de los niños fríos que se desteñía

bajo la luna con pena y con fastidio

por las cosas normales de la vida.

 

No era funeral la hora ni era ronda

de duendes pero los niños enterraban un vivo

que hablaba en lengua muerta un tema

de madrugadas azules después de la guerra

y el pavor amarillo de la China.

 

Se levantó una efigie de Ninfa desnuda

y se le llamó imperial por aquel jurado tierno

de azucenas recién cogidas por una hoz

mientras que una lápida crujía al golpe

de un martillo sostenido por dos cabezas.

 

Detrás de todo, ascendía un humo lento

y las miradas se iban en espirales traviesas

en pos de las grietas del serio camposanto

donde poner a germinar de nuevo la osamenta

cogidos de la mano las rosas y los cardos.

 

Cuando llegó la hora de la última neblina,

algún niño impaciente declaró cantando:

¡La guerra terminó, el águila y la estrella!,

¡Dios no existe, somos libres, amamos a los negros,

y en esta noche bautizamos mil niños amarillos!

 

Los niños de la generación de las flores

callaron entumecidos en sus recovecos agudos

mientras las patrullas sonaban las sirenas

persiguiendo un perro que ladraba inoportuno

por las esquinas de lamentos de la Fortaleza.

 

De pronto, un susurro y el jardín creció

y se hinchó de semillas, mientras el viento

de los deseos regaba un polen sin documentos

en el cáliz abierto de niñas dormidas

buscabas por la oficina de personas perdidas.

 

El círculo de afuera estaba muerto de tedio

por la vulgar rutina de la vida diaria

y bostezaban pálidos de frío

acuchillando las sombras para ver de cerca

el himeneo de las rosas y los cardos.

 

 

 

 

(1) Composición inspirada por una celebración "hippie" llevada a cabo en Puerto Rico en 1968 y el retrato de una quinceañera hallada por sus padres a través de una fotografía de los participantes, tomada por la prensa local.